Esta es la semana de San Valentín y, como era lógico, First Dates, el programa de citas más famoso de la televisión, está en su salsa. Desde el lunes nos está ofreciendo especiales con esta temática y esto nos está dando situaciones destacables a granel. Si hace unos días os trajimos la del tío más pedante de España, hoy venimos con una cita bastante diferente… pero que también tenía bastante tela.

Lara era una joven zaragozana de 26 años que trabajaba como auxiliar de enfermería que se definía como tremendamente «peculiar, extraña, rara y extravagante» con un pasado en el mundo amoroso de lo más negativo «porque la gente tiene mucha promiscuidad».

Ella lo que quería era una relación completamente estable y sana, incluso con miras a buscar un marido. ¿Algo más? Estabilidad económica, laboral y que quiera tener hijos… ¿lo consiguió?

En el otro lado de la mesa estaba Albert, un joven catalán de 31 años que se ganaba la vida como asesor fiscal y también tenía las cosas muy claras respecto a lo que buscaba en su futura pareja.

La cita, desde un principio, fue perfectamente, pero la cosa derivó bastante a hablar sobre sus relaciones pasadas… cosa que es un poco arriesgada, claro está: «Llevo soltera un año. Estuve a punto de dejar todo pero de repente me enteré de que había otra», contaba la zaragozana.

«Luego me enteré de que la otra era yo, porque con la otra llevaba más tiempo», contaba Lara ante la mirada atónita de Albert: «¿Nunca sospechaste nada?«, le preguntó el joven, a lo que ella contestó: «Sí, un día cuando en su casa vi el cepillo de dientes colocado de otra manera«. Albert, que valoraba la gente con buena memoria, quedó sorprendido: «Hostia, cómo eres»; y la comparación con el ‘CSI’ era inevitable, claro.

«Me vine a Madrid sin que él lo supiese para seguirle. Le puse un dispositivo GPS en el coche», confesó Lara algo avergonzada, pero reconociendo que era la única forma de saber la verdad. Aún así, la opinión de Albert la misma que podríamos tener todos en un primer momento: «Eso es un poco enfermo».

El resto de la cita fue bastante normal y, salvando este pequeño momento de tensión, se notaba bastante que había atracción entre ellos. Eran dos personas muy formales con intereses parecidos y no había motivos para pensar que la cosa fuese a salir mal.

Ella, en privado, confesaba que «en el amor me han tocado muchos tarados pero ya era hora de que encontrara un chico como Albert», por lo que, por su parte, estaba clara cuál sería la respuesta a la pregunta de si quería volver a tener una cita con Albert.

Él, por su parte, lo tenía bastante claro también y también accedió a tener una segunda cita con ella. Resulta que, al final, la barba no supuso ningún impedimento para que el amor triunfase y ella reconocía que él era «el primer chico con todas las características y cualidades que ha pedido».

Muchas exigencias; las suficientes como para que fuese difícil que la cosa saliese bien. Pero, a pesar de todo esto, el amor triunfó y parece que ambos celebraron San Valentín el 14 de febrero… pero ya sin cámaras delante.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta cita? ¿Creéis que están hechos el uno para el otro? Dejádnoslo en los comentarios. 

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