Hoy es San Valentín pero, para First Dates, el genial programa presentado por Carlos Sobera, lleva siendo este día tan especial toda la semana. Lo cantidad de solteros que llegan a ese restaurante parece no tener fin y, cada noche, podemos dar con algún alma descarriada que lo único que quieres es un poco de amor y compresión (y, en ocasiones, alguna cosa rara que da un poco de grima, la verdad).

Más de 800 programas y la cosa va a pleno rendimiento, ya que consiguiendo un 7,5 de cuota de Share por las noches todos los días… pues como que no es para que Cuatro pueda quejarse.

Pero es que ayer, además, el programa nos regaló una de esas citas en la que todo es magia… por los motivos equivocados. No os confundáis: nosotros, como espectadores, lo gozamos. Pero pobres las personas que, de forma presencial y con su corazón en juego, tienen que presenciarlo.

Yeray, por un lado, era un joven de 26 años que, con tan solo abrir la boca, consiguió que lo odiásemos: pretencioso, odioso y pedante. Él mismo se definió como ‘un narcisista que estaba completamente enamorado de sí mismo. En referencia a su pasado, afirmó que tenía un “pasado como novillero, que se truncó porque sufrí un ninguneo y un ostracismo absoluto por parte de mediocres puristas que no toleraban la heterodoxia de mi arte”.

Por si necesitábamos saber algo más sobre su vida, el joven se preocupó de darnos su visión sobre la política: “Soy una persona conservadora y dandy. Estoy muy ilusionado con Vox, creo que son la última esperanza, entre otras cosas por su defensa de la monarquía”.

Ane, por su parte, era una filóloga vasca de 23 años, que también tenía las cosas muy claras: “me gusta la moda e Instagram. Yo ligo por Instagram, que es el Tinder de la high class”.

Respecto a lo que buscaba en un hombre… también lo tenía muy claro: “tiene que saber lo que es un Chanel. Y ya sé que puedo parecer una niña pija consentida, pero estudio y tal”. Ella, meses atrás, había estado ya en el programa y afirmó que la cita había ido bien, pero que las distancias lo habían estropeado todo.

Desde el primer momento, la cita pareció sacada de un sketch de los Monty Phyton. Él hablaba como si estuviese en el siglo XIX y ella, a pesar de ser filóloga, no se enteraba de nada.

Por su parte, Yeray seguía con su preciosidad: “Te voy a lanzar un reto. Yo experimento narcisismo y vivo enclaustrado en mí mismo y no he tenido parejas. Quiero comprobar si eres capaz de despojarme de mi narcisismo y haces que centre mi atención en ti”. Acto seguido, le preguntó a Ane si le gustaban los toros… y ella (con buen criterio), respondió ‘No’.

Yeray seguía en su intento de ser ‘más papista que el Papa’ y meter palabras cultas sin venir a cuento en medio de la conversación: “No me hables con esas palabras porque no lo entiendo. No tengo ni idea de castellano culto”. Ella intentó hacer un una broma y le dijo que porqué no escribía un libro… y él no dudó en responder de forma muy cortante: “Porque no es el momento ni el lugar”.

Luego llegó el momento en el que todo se acabó de ir al garete. Yeray le llamó la atención porque ‘estaba poniendo mal los cubiertos’, cosa que no gustó nada a Ane que le dijo que, ahora, “iba a dejarlos mal a posta” para que se fastidiase.

Él no dudó en recriminárselo: “veo que te vanaglorias de ciertas carencias”… Por si fuera poco, el joven se levantó y empezó, con su servilleta, a hacer pases de toreo mientras se los explicaba a Ane: “Esto es una verónica, esto una media verónica…”.

Al final, la cosa estaba cantada, pero es mejor que la veáis vosotros mismos porque hay un par de detallitos de Yeray que es mejor ver:

¿Qué os ha parecido esta cita? ¿Qué habríais hecho en el lugar de Ane? Dejádnoslo en los comentarios.

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