El funcionamiento de nuestra mente es bastante más complejo de lo que podríamos pensar en un primer momento. Se trata de un órgano que, por mucho que estudiemos, solo hemos conseguido descubrir una pequeña parte de su funcionamiento. ¿Qué se oculta detrás de tantos recovecos de carne plegada sobre sí misma? ¿Es posible, como dice mucha gente, pensar con el corazón y no con el cerebro? ¿Es posible ser un ‘cabeza hueca’ literalmente hablando? La verdad es que, lo más probable, es que nunca lo sepamos.

Pero, aún así, hoy hemos traído una suerte de ejercicio que nos ha parecido de lo más interesante. Para poder entenderlo, primero tenemos que poneros en contexto y para ello os contaremos los interesantísimos estudios de una psicóloga estadounidense llamada Celeste McCollough.

 

Ella fue una de las mayores investigadoras en el campo de las ilusiones ópticas. Estaba fascinada con lo susceptible que era nuestro cerebro a verse condicionado por algunas ilusiones que percibían nuestros ojos.

En 1965, la doctora McCollough descubrió una cosa muy interesante: si alguien miraba de forma alterna una rejilla horizontal roja y una rejilla vertical verde durante varios minutos, cuando miraba luego una rejilla horizontal blanca y negra, notará tonos verdosos y, si luego veía una rejilla vertical, también en blanco y negro, notaría colores rosáceos.

Este efecto tan ‘particular’ pasó a conocerse como el Efecto McCollough en honor a su descubridora y nos va al pelo para explicaros la ilusión óptica que os dejaremos a continuación. Os avisamos de que, ahora mismo, empezaremos a someter a vuestro cerebro a unos niveles de estrés a los que, probablemente, no estáis acostumbrados… poneos la pilas, que se avecinan curvas.

Te avisamos también de que, mientras más tiempo tardes en descubrir lo que te propondremos a continuación, más le costará a tu cerebro dar con la solución.

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En esta imagen, podréis ver a un montonazo brutal de cebras; todas apiladas una sobre la otra y sin ningún orden aparente. Simplemente muchas cebras que buscan derretir nuestro cerebro…

¿Qué pasa si ahora os pedimos que encontréis, en medio de todo ese caos de rayas blancas y negras, un piano con sus teclas negras y blancas? Pues de eso se trata precisamente este juego. Ya os avisamos de que la cosa se iba a poner muy, pero que muy complicada.

La mayor dificultad que tenemos aquí es que esta repetición constante de un patrón satura nuestro cerebro. Nuestras neuronas quedan completamente abrumadas y no son capaces de distinguir una cosa de la otra.

Aún y con todo esto, se estima que, lo que una persona media tarda en encontrar el piano es un solo minuto. Si os concentráis y repasáis la imagen con cuidado, lo más probable es que lo encontréis sin gran problema (aunque el mareo no os lo va a quitar nadie).

Si no habéis conseguido dar con el piano, aquí os dejamos la imagen con la posición exacta (para que veáis que no os estamos timando, básicamente):

 

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta ilusión óptica? ¿Habéis conseguido dar con el piano o, por el contrario, se os ha fundido la cabeza por completo? Dejádnoslo en los comentarios.