Hay algunas profesiones cuya vida laboral es realmente corta debido a que exigen que seas joven, seguramente muchos estaréis pensando en los deportistas, pero a continuación hablaremos de otro grupo profesional, las modelos.

Y es que, una vez finalizada, las modelos tienen problemas para seguir trabajando tal y como ejemplifica el caso del que os vamos a hablar.

Nastasia Urbano era una de las modelos de referencia durante los años 80. Sin embargo, actualmente vive en las calles de Barcelona y busca poder volver a tener una vida normal.

A día de hoy, la modelo tiene 57 años y lejos le quedan los tiempos en los que triunfaba en las pasarelas. Empezó trabajando en Barcelona, pero rápidamente se mudó a Milán para trabajar junto al fotógrafo Fabrizio Ferri.

De hecho, llegó incluso a ser la protagonista de la portada de la famosa revista de moda Vogue que, precisamente, le dio un empujón para que empezase a trabajar en Nueva York y se convirtiese en la imagen de importantes firmas como Revlon, Opium o Yves Saint Lauren.

“Hacía todas las revistas, le encantaba a todo el mundo. Era muy camaleónica y la gente no se cansaba de mí. Hay modelos que son muy guapas pero que solo tienen un registro. Yo nunca tuve ese problema”.

Por si todo esto no fuese suficiente prueba de la estrella que era Nastasia Urbano, también fue una de las primeras modelos en conseguir un contrato multimillonario solo por anunciar ropa.

“Me daban un millón de dólares al año por 20 días de trabajo”.

Nastasia estaba en la cresta de la ola, llegando a codearse con auténticos famosos de Hollywood como Jack Nicholson, Andy Warhol o Harrison Ford. De hecho, fue invitada a la boda de Madonna, pero, según cuenta, tuvo una resaca enorme que le impidió asistir.

Pero su vida de ensueño terminó por culpa del que terminó siendo su marido. Y es que todo el dinero de Nastasia desapareció en un matrimonio que su expareja aprovechó para hacerse con gran parte de su dinero.

 “Lo único bueno de esa relación han sido mis hijos, pero lo demás fue horrible. Todo lo pagaba con mi dinero. Al segundo día de conocerlo quiso que le comprara un BMW, y yo, como una tonta, le hice el cheque. Estaba enamorada”.

Según cuenta, a partir de ese momento su vida inició una espiral descendente que la ha llevado a ser desahuciada hasta en tres ocasiones y que, actualmente, deba vivir en los cajeros automáticos de Barcelona.

Por suerte, últimamente vive en casa de Toni, un amigo suyo, y solo espera encontrar un trabajo digno para poder vivir con calma y demostrarles a sus hijos que se ha recuperado del bache y de la consecuente depresión con la que ha tenido que convivir los últimos años.

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Fuentes: abc