Hoy os traemos una de las cenas más tensas de la historia de la televisión. ‘Ven a cenar conmigo’ siempre ha sido un programa de lo más controvertido. Ir a casa de extraños y apostarte la tranquilidad de tu cena a lo que el anfitrión de turno desee… pues supone unos riesgos que debemos tener presentes.

En el último programa de este loquísimo formato, vimos cómo esta vez que a Sergio le tocaba ser el anfitrión… y la cosa se puso muy, pero que muy tensa. Víctor, teniendo en cuenta lo que había pasado en su casa, llegó a la cena con ganas de guerra y eso se pudo notar desde el principio; la venganza es un plato que se sirve frío, amigos.

A medida que avanzaba la velada, lo de menos era si los platos de comida eran buenos o no; ahí se había ido a pelear a puñal limpio. Víctor no paraba de picar a Sergio y este cada vez estaba más incómodo… hasta el catastrófico final (que no os desvelaremos todavía).

Cuando a Sergio le tocó asistir a la casa de Víctor, le puso muchísimas pegas al joven (y a todas las de sus compañeros, de hecho). Había puesto las expectativas muy altas, por lo que todo el mundo esperaba que sus platos fuesen de 10.

El primer plato que presentó fue una especie de gnoccis con salsa boloñesa y, el segundo, una milanesa de pollo con patatas en salsa de nata y cebolla… nada del otro mundo, vamos. ¿El postre? Una tarta de queso adornada con el pretencioso nombre de ‘Dulce y amarga tentación’.

A todo esto, Víctor tenía clavadísimo que lo llamase ‘guarro’ en su propia casa al afirmar que había pelos en su comida. Ahora que Sergio era el anfitrión, tocaba desahogarse. ¿Por dónde empezar? Pues por sacar el polvo de la mesa donde estaban comiendo. Al parecer, esta estaba bastante ‘guarra’, como bien pudieron comprobar también el resto de comensales.

En medio de todo esto, Sergio empezó a relatar su ‘dolorosa vida amorosa’ y Víctor no dudó en dudar (valga la redundancia) de ello, afirmando que todo eso del ‘divorcio’ se lo estaba inventando para dar lástima y ganar puntos en el concurso. Según sus propias palabras, Sergio no buscaba pasárselo bien, sino ganar a toda costa.

La cosa, que había empezado tan mal, no podía acabar bien de ninguna de las maneras. Víctor trató a Sergio de mentiroso a lo largo de toda la cena y, al final, sacó ‘las armas de destrucción masiva’.

Empezó con un “Voy a decir lo que nadie te dice” y, a partir de ahí todo fue tratarlo de maleducado por no haber probado ninguno de los platos de las otras cenas celebradas en casa de los otros concursantes. Como ya podréis ver en el vídeo que os dejamos más abajo, esto no gustó nada al anfitrión de ese momento.

¿Qué tenía que hacer Víctor entonces para acabar de apuntalar su venganza? Pues lo que hizo a continuación: sacar un bocadillo envuelto en papel de plata y comérselo delante de todo el mundo afirmando que «ahora sí comería bien».

Ahora ya solo queda la cena de Carmen, la que ha sido la concursante más dura y machacona hasta el momento, por lo que se espera que su velada sea apta para comer muchas palomitas mientras vemos los platos volar por el salón.

Aquí os dejamos el vídeo con el momento:

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta cena? ¿Qué haríais si os llaman guarros en vuestra propia cena? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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