Hablar de las citas online es hablar de la forma en la que el futuro nos tiene deparado el conocer a alguien y establecer un vínculo afectivo. Aquello de ir a un bar y establecer contacto visual con otra persona, acercarse, hablar y que surja la chispa del amor, es algo que, poco a poco, irá desapareciendo.

En la actualidad, solo tenemos que abrir nuestro teléfono móvil, clickar encima de Tinder y ya todo estará bastante listo para que empecemos a conocer a una persona tras otra hasta que demos con la que más encaje con nuestras exigencias en ese momento.

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Esto es lo que suele ocurrir, ¿no? Pues lo cierto es que, como veréis, la protagonista de nuestra historia de hoy ha sabido valerse de esta sofisticada aplicación para hacer algo completamente diferente y bastante épico.

Emily Cochran, una usuaria de Tinder, estaba navegando por la aplicación el pasado martes cuando sucedió algo extraño: se emparejó con un tipo a quien le habían robado un Lacroix (una especie de bebida carbonatada americana a base de frutas). Y un chico que admitió haber encontrado una caja Lacroix de la acera… Demasiadas coincidencias, ¿no?

Drew, de 19 años, estaba hablando con Emily, una de sus mejores amigas, sobre las bebidas estas cuando, por casualidad, algo apareció delante de él como un milagro:

«Casualmente, acabo de encontrar un estante de Lacroix en la acera», escribió. «Lo juro por mi vida. Me lo llevé a casa», le explicaba su amigo.

Mientras tanto, Raymond, de 20 años, le dijo a Emily que estaba teniendo un muy mal día, que la cosa no pintaba nada bien y que habría sido mejor quedarse en casa esa noche y no salir a ningún lado: «Dejé mis bebidas afuera por unos dos minutos y alguien las robó», le explicó a su amiga.

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Emily, en este punto de la conversación, ya se empezó a extrañar mucho y le preguntó si se trataba de unas bebidas de Lacroix, a lo que su amigo respondió que sí: «Me descojono, ¿cómo lo adivinaste?» le respondió.

Emily puso a los dos muchachos en contacto, y resultó que Drew, de 19 años en realidad había robado el Lacroix de Raymond, de 20, aproximadamente a 25 kilómetros de distancia de donde Emily estaba conectada.

Ambos jóvenes, gracias a la intervención de Emily, pudieron reunirse y, ¿sabéis qué hicieron? Pues compartirse la caja de Lacroix en honor a Emily, ya que le debían este inesperado y afortunado encuentro.

Queda por ver si Emily saldrá con alguno de ellos, ya que si estaba en Tinder era porque esta era su intención original. Pero lo cierto es que, teniendo en cuenta esta alocada historia, lo más probable es que estos tres, de alguna forma, acaben estableciendo una bonita de amistad (la verdad es que haría bastante gracia que una bebida carbonatado uniese tanto).

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta historia? ¿Pensáis que estos jóvenes estaban destinados a encontrarse? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuente: Some Ecards