No hace falta tener demasiada vista para poder apreciar que, en el mundo, hay personas que, en lugar de cerebro, tienen el intestino grueso en la cabeza. No vamos a pecar de pesimistas y debemos reconocer que, en realidad, hay muchísima gente en el planeta que vale muchísimo la pena y que son capaces de hacer que recuperemos la fe en la humanidad, pero también hay gente que es completamente lo contrario.

Hay personas que son, directamente, despreciables. Gente cuya existencia está dirigida a demostrarnos que, para ser alguien horrible, no hace falta esforzarse demasiado y, lastimosamente, los protagonistas de nuestra historia de hoy pertenecen a este ‘selecto’ grupo de seres.

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Todo empezó cuando, este pasado verano, el cuerpo de la Policía Nacional advertía que se habían hallado varias trampas mortales para perros y otros tipos de animales en parques púbicos de diversas zonas del territorio nacional.

Los agentes hacían un llamamiento para que las personas estuviesen atentas y llamasen al 091 si veían algo sospechoso… y es que, en muy pocos días, se encontraron, tiradas por el suelo en puntos estratégicos, salchichas comestibles llenas de clavos.

Esto es algo que, ya de por sí, debería ser indignante y la movilización social que ha habido al respecto es brutal. Pero hoy nos hemos levantado con una carta que nos ha llegado todavía más al corazón.

La Asociación Salvando Vida publicó en su cuenta de Facebook una carta escrita por un veterinario quien, escandalizado con este tipo de prácticas, buscaba dirigirse a todo el mundo, explicando su propia experiencia al respecto y cómo, lo que podía parecer hasta ‘una broma’, podía convertirse en toda una tragedia.

«Hoy he tenido que ver cómo un niño de 10 años lloraba sin cesar y salía de la clínica totalmente destrozado porque su perra había ingerido carne con clavos en el parque, mientras él mismo la paseaba. Hoy la operan de urgencias y no sabemos si sobrevivirá, lamentablemente los clavos han perforado el intestino».

«A todos aquellos que odian tanto a los perros cómo para hacer algo así, y están acostumbrados a estos actos infames. No matas a un perro, matas a ese niño que lo quiere como a un hermano, matas a toda la familia que tiene detrás, a sus conocidos que ven cómo sufren, y a los veterinarios que no han podido hacer nada para salvarlo».

«No conoces a ese perro al que has matado, quizá era el más bueno del mundo, igual nunca hizo daño a nadie o ayudaba a sus amos a seguir viviendo; no conoces a ese niño ni la vida de mierda que ha tenido, ni las dificultades por las que está pasando esa madre soltera que lo está criando sola».

«Ese perro era su único apoyo. No los conoces de nada y les has destrozado la vida a todos. Tú que tanto odias a los animales, y te crees mejor que ellos, una vez más demuestras lo miserable que puede ser un ser humano, hasta donde alcanza el odio y la locura».

Tú, que envenenas a los perros. No eres una persona, eres un monstruo, y ni siquiera puedo desearte un castigo y que pagues por lo que has hecho, porque tú ya estás «muerto en vida».

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta carta? ¿Qué pensáis de todo este asunto? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, porque la verdad es que los hemos hecho con muchísimo cariño). 

Fuente: Liopardo