En nuestra cultura española tenemos cosas muy buenas. Tenemos comida excelente como el jamón ibérico, tenemos costumbres icónicas como las fallas y tenemos refranes de pueblo que nunca fallan. Si es que tenemos de todo. Y gran parte de nuestra cultura mediterránea es admirada en el mundo entero. Por eso viene to quisqui a pasar las vacaciones aquí.

Pero como todo lo bueno que hay, pues también tenemos cosas malas. Comida que no gusta a todo el mundo como los caracoles, tradiciones polémicas como la tauromaquia y frases hechas importadas de otros países que tienen cero sentido. Y dentro de este saco de cosas también tenemos una fea costumbre llamada hacer un “sinpa”.

Para aquellos que no sepan lo que es, un “sinpa” es irse de un sitio sin pagar. De ahí el “sinpa”. SIN PAgar. Escaquearse, vamos. Ahora que os lo he explicado, os contaré la historia de uno de los mayores exponentes de esta mala costumbre.

Esto ocurrió hace ya un año. Os preparo la escena. Barcelona, 2017. Los hoteles de lujo de la ciudad condal han sido engañados, Unos cuantos, al menos. Un barcelonés de 39 se está lentamente convirtiendo en su peor pesadilla. Es un maestro del engaño y un tipo con más cara que espalda. Se pasa la vida haciendo sinpas allá por donde se hospeda. Se llama Isaac.

Le han pillado más de una vez. Llegó a pasar al menos dos veces por comisaría y ante el juzgado. Las dos por la misma razón: no pagar un céntimo en los hoteles de lujo donde había decidido pasar la noche. En resumen, un delito de estafa continuada.

Lo llegó a conseguir en al menos 20 ocasiones y lo intentó en no menos de otros 50 hoteles de Barcelona y municipios metropolitanos. Entre sus destinos preferidos se encontraban hoteles de las cadenas Silken y Aire, entre otras. En su carrera por vivir de la nada, nunca optaba por hoteles por debajo de las cuatro estrellas. Obviamente, los de cinco eran su mejor óptimo.

Para aquel entonces, su carrera (por decirlo de una manera bonita) no había hecho nada más que empezar. Tan solo medio año. Pero es que en esa pequeña ventana de tiempo ya había acumulado una deuda con los hoteles rozando los 19.000 euros, según datos policiales y de las compañías que lo denunciaron. Casi 20.000 euros, que se dice pronto.

Cuando acudió ante el juez, a mediados de febrero del año pasado, Isaac ya avisó de que no iba a cambiar su forma de ser. “Ni dormiré en la calle ni regresaré a casa de mis padres“. No se dejó la mejor perlita, ya que dijo que entre sus planes no pasaba cambiar de “filosofía de vida”. Tócate los huevos.

Según el caradura de Barcelona, esto tiene truco. Su sabiduría se resume en tres sencillas lecciones:

La primera lección es ser invisible. Isaac llega y se va sin llamar la atención de los incautos recepcionistas. “Es educado, pero apenas mantiene contacto con los trabajadores”. De hecho, la primera vez que lo detuvieron a finales de enero del año pasado fue tras ser reconocido por un empleado de otro hotel. Aprendió la lección y elevó las precauciones.

Viajaba siempre sin equipaje, por lo que la huida (si llega, claro) resultaba mucho más ligera. También vestía sin estridencias. Entre otras técnicas, adaptó la capacidad de escoger también momento e intermediario. “Entra y sale cuando las recepciones están saturadas con los ‘check out’ de los turistas”. Además, intentaba que le atendiera el más joven de los recepcionistas.

La segunda lección es disfrutar sin abusar. Isaac aprendió que la avaricia rompe el saco. Cuando fue detenido la primera vez, fue tras haber ocupado hasta 15 días una misma habitación. Desde entonces apenas permanecía 24 horas en las habitaciones. “Cuando volvió a relajarse y se hospedó una semana en el mismo sitio, le volvimos a detener”, asegura la policía. También aprendió a no prolongar estancias por encima de los 400 euros. Que se dice pronto una habitación de 400 euros la noche.

Sólo hay una cosa que no perdonaba: el desayuno. “Saca todo el rendimiento posible a los desayunos y almuerzos”, recuerda el sargento de los Mossos, quien también asegura que Isaac había llegado a adaptarse a resistir todo el día con solo una comida al día, gratuita y continental. Mira que hay que ser agarrado.

Y la última lección es ser descarado. Una de las cosas que más sorprenden a los Mossos es el descaro con el que actuaba. Isaac no falsificaba nada a la hora de realizar reservas. Introducía su nombre y su DNI reales a través de las páginas web de los hoteles. También usaba una tarjeta de crédito, sin fondos.

Cuando se daban cuenta de que no había dinero en la cuenta, ya había desaparecido. Para asegurar el tiro, realizaba las reservas de tres en tres. “Una siempre le funciona”. Su éxito es evidente. Durmió en habitaciones de alto ‘standing’ mientras duró el Mobile World Congress, el ‘Vietnam’ de las reservas hoteleras en Barcelona.

Menuda cara tienen algunos, madre mía.

¿Qué os ha parecido? ¿Por qué algunos tienen tanto morro? Decidnos algo en los comentarios. 

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Fuentes: El Mundo