El mundo de la realeza es uno bastante extraño para la mayoría de las personas. Es un mundo de privilegios, posición y protocolo. Una serie de normas antiguas y algo arbitrarias que sirven para mantener un orden en aquel mundo extraño de las élites que cualquiera con dos dedos de frente no entraría. Porque es un sarao. Aquellos que no han nacido en un ambiente monárquico, tienen dificultades para adaptarse.

Pero bueno, es su mundo y tienen sus normas extrañas. Por suerte para nosotros, nunca tendremos que vivir en un ambiente así. No sé si vale la pena que tengas la vida resuelta (a un nivel económico) para que te encorseten en una serie de normas de protocolo y un sinfín de labores y funciones diplomáticas.

A pesar de ello, sí que es cierto que cuanto más arriba se está en la pirámide social, más raro y excéntrico uno acaba siendo. No siempre, pero en cuanto oyes una historia de alguna excentricidad siempre trata sobre algún multimillonario hortera o un aristócrata pomposo. Y si alguien puede ser así, es el príncipe Carlos de Inglaterra.

Tom Bower es un famoso biógrafo británico que ha hecho las biografías de otros personajes célebres como Richard Branson, el fundador de Virgin. También del histórico patrón de la Fórmula 1 Bernie Ecclestone y de los ex primeros ministros Tony Blair y Gordon Brown. Osea de famosos de alto nivel. Y se sabe todos sus secretos, o los que han querido compartir, claro.

Y es que Bower ha publicado un nuevo libro sobre Carlos de Inglaterra en el que le presenta como un hombre envidioso y maniático. La envidia es el sentimiento que marca la relación de Carlos con su hijo mayor.

Según Bower, la conexión del príncipe con Guillermo y Enrique se tensó durante su divorcio de la princesa Diana. El príncipe piensa que “Diana envenenó las mentes de los niños”. Y lo dice uno que engañó a su mujer.

Después de su muerte en 1997, “los hermanos tuvieron que lidiar con un alud continuo de revelaciones públicas sobre las relaciones adúlteras de sus padres”, escribe Bower. El eventual matrimonio de Carlos con su amante, Camilla, duquesa de Cornualles, no ayudó; su presencia “fue un recordatorio constante del tormento de su madre”. Según la versión del escritor, los hermanos incluso entraban en su casa de Clarence House “a través de los cuartos de los sirvientes, para evitar tanto a su padre como a Camilla”.

La llegada de Kate a la vida de Guillermo también marcó la relación entre padre e hijo. Carlos temió que el público les ignorara a él y a Camilla en favor de Guillermo y Kate. Y es que, a ver, no podría ser de otra forma. Kate Middleton barre el suelo con Camilla Parker Bowles. De ahí su enorme popularidad, no solo en Gran Bretaña sino en todo el mundo.

Pero hemos dejado lo mejor para el final. Las manías y las excentricidades del príncipe. Ya veréis ya. Así, el libro cuenta ejemplos de los excesos del heredero, tales como cuando Carlos de Inglaterra envió muebles para dos habitaciones antes de la visita de una noche a casa de unos amigos en el campo.

Bower afirma que mandó un camión para transportar todo el contenido de las habitaciones de él y de su esposa: cama, ropa de cama, inodoro, licor, agua embotellada, algunos cuadros y hasta el papel higiénico –Kleenex Premium Comfort–. También llevó su propia comida orgánica y cócteles.

Bower señala, sin embargo, que la reina come lo que le sirvan sus anfitriones. Cada vez que el príncipe Carlos viaja, lo hace acompañado de un mayordomo, dos ayudas de cámara, un chef, su secretario privado, un mecanógrafo y un séquito de guardaespaldas.

Me encanta que se lleve su propio papel higiénico. Y que además sea el mejor del mercado. Es que es hilarante. Ay, este príncipe de Gales que le van a saltar en el orden de la sucesión al trono.

¿Qué os ha parecido? ¿Conocíais esta faceta del príncipe Carlos? Decidnos algo en los comentarios. 

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Fuentes: El País