Todo el mundo ha oído hablar de Juego de Tronos. Es una de las grandes series de nuestros tiempos. Guerras, tramas políticas, familias rotas, magia, reyes y dragones. Si es que tiene de todo. No solo eso, sino que también tiene infinidad de personajes, una trama compleja y profunda y un trasfondo rico y detallado.

De hecho, una de las mejores cosas de la serie (tanto de televisión y de los libros) es la cantidad de información que hay sobre cualquier cosa. Eso es lo que lo hace parecer tan real. Es como si te contaran una historia verdadera. La pluma del autor, George R R Martin, realmente no conoce límite. Pero se lo toma con calma, eso sí. Que estamos aquí esperando el siguiente libro y no hay manera.

El caso es que en este increíble y vasto mundo de fantasía medieval hay un elemento de destaca por encima de todo: los dragones. Son casi el símbolo por excelencia de la serie. Poderosos y majestuosos, representan una fuerza primaria y terrorífica. Son el fuego encarnado y perfectos hijos de nuestra reina preferida, Daenerys de la Tormenta.

Los dragones de Daenerys nacieron al final de la primera temporada tras salir de una pira y un milagro consigue que los huevos eclosionen. A ver, es más complejo que eso, pero tampoco quiero explicarlo en todo detalle.

El caso es que salen tres dragoncitos a los que llama Drogon, Viserion y Rhaegal. Aquí explicaremos el origen de cada nombre.

Ah, sí. Mira qué bestia más hermosa. “No son bestias”, como diría la Rompedora de Cadenas. Este es Drogon, el más grande y fuerte de los dragones. De escamas negras, Drogon es también el más independiente y agresivo de los tres y es el dragón que Dany usa para montar.

Su nombre viene de Drogo, el Khal de los Dothraki que se acaba casando con ella. A pesar de que el dragón es literalmente la hostia rebozada con manteca, el nombre es cutrillo. Porque se parece demasiado a dragón. Mirad: Dragón y Drogon. Meh. Por suerte para nosotros, el dragón negro es el que más sale en la serie y que ha protagonizado increíbles escenas de destrucción.

Viserion, el dragón de color crema es el más pequeño de los dragones. A veces es apodado en los libros como el dragón blanco. Es también el más cariñoso de los tres. Bueno, cariñoso dentro de lo que cabe, claro. Sigue siendo un dragón. Pero ya me entendéis.

Su nombre viene de Viserys, el hermano de Daenerys. Viserys era el que debía convertirse en rey tras la muerte del Rey Loco, pero no tuvo suerte y vivió en el exilio. Eso le amargó y como ya estaba medio pirado pues se le fue la pinza. Os lo estoy resumiendo mucho, que conste. El caso es que Viserys muere a manos de Drogo, cuando éste le tira oro fundido encima.

Para aquellos que vieron la última temporada, nos dolió mucho ver cómo Viserion cayó muerto del cielo al ser alcanzado por una jabalina de hielo del Rey de la Noche. Y encima luego lo resucita como un dragón no-muerto. Que anda que no va a traer problemas la última temporada.

El último de los dragones es Rhaegal, de tamaño medio y es considerado como el más tranquilo de los tres. De escamas verdes y bronces, este dragón es el que menos protagonismo ha tenido. Supongo que va en conjunción con su personalidad.

Su nombre viene de Rhaegar, el hermano mayor de Daenerys, que murió mucho antes de que empezara la trama. Él sí que era el heredero de verdad, pero murió a manos de Robert Baratheon y bueno, se montó la de cristo. Ah y además se casó con la prometida de Robert y eso ya sí que la armó gorda. No os cuento más, porque es más interesante que lo veáis vosotros.

Sin duda los dragones en Juego de Tronos son uno de sus mejores elementos. Poderosos y libres, gracias a que pueden volar, nuestros amigos escamosos son los hijos predilectos de Daenerys que seguramente serán la llave para que consiga lo que más desea: el Trono de Hierro. ¡Dracarys!

¿Qué os ha parecido? ¿Conocíais el mundo de Juego de Tronos? Enviadnos un cuervo al castillo de los comentarios.

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Fuentes: Sensacine, Animalwised