Uno de los oficios que seguramente deben de ser de lo más interesantes es ser fotógrafo. A través del uso de herramientas y artilugios que manipulan la luz y la perspectiva, los fotógrafos capturan la belleza. Son artistas, básicamente. Bueno, los que son buenos. Porque no consideraría a los paparazzis como artistas. En el sentido helénico de la palabra, al menos.

Pero sí, sí que son artistas. Tan solo hace falta ver los álbumes de los mejores fotógrafos del mundo cuando salen en portadas de revistas de prestigio. Parece difícil de creer cuando ves esas imágenes. Te preguntas, ¿cómo demonios han podido capturar eso? Con la iluminación correcta, la posición adecuada y un buen maquillaje se pueden conseguir autenticas maravillas fotográficas.

Os pongo un ejemplo de Annie Leibovitz, una de las fotógrafas más reconocidas internacionalmente. Es que son una maravilla.

Y una más va.

Hay que admitir que hemos puesto el listón muy alto, pero eso es lo que pasa cuando se llega a la cúspide del oficio. El tema es que esto es exactamente lo contrario de lo que nuestra historia trata.

Resulta que Irene Rudnyk, una fotógrafa profesional canadiense, se puso a investigar ciertas realidades en su profesión (como lo serían conceptos como la desregulación, el contrato por horas o los mercados emergentes) que podrían ser un problema o que incluso perjudicarían al oficio.

En su búsqueda encontró un popular sitio web de servicios freelance llamado Fiverr. La página era útil para los profesionales independientes que buscaban herramientas de retoque de alta calidad. Estos servicios existen porque el nivel de competencia de un buen retocador es muy alto y no todo el mundo llega a esa competencia.

Esta es ella, Irene Rudnyk. “Para mí, el retoque es muy importante”, dijo la fotógrafa. “Me gusta fotografiar imágenes que den sensación de fantasía, así que necesito llevarles el elemento de fantasía en Photoshop. También tengo un estilo de edición muy específico que hace que mis imágenes sean reconocibles. Y eso es muy importante hoy en día. Distinguirte de muchos otros fotógrafos”.

La cosa es que Rudnyk probó los tres servicios de Fiverr. Pagando, claro. Cada uno más caro: $ 0.25, $ 5 y $ 10. Cuando contrató los tres servicios, añadió una nota diciendo: “Me gustaría que hicieras esta imagen muy vibrante, cálida. Limpiad la piel, los ojos brillantes y haced que su cabello se vea más rojo, para que coincida con el fondo. Además, confío en vuestro criterio para hacer que esta imagen sea hermosa”.

Y bueno, los resultados fueron…en fin. Ya sabéis que me gusta el viejo pero siempre útil refranero y os dejo con “una imagen vale más que mil palabras”.

Esta es la imagen original, sin retoques.

Ahora con el retoque de 0,25$.

Es que no hay palabras, de verdad.

Es que mirad la comparación.

Ahora con el retoque de 5 $.

Bueno, esto ya es otra cosa.



Volvemos a comparar la original con la retocada.

Ahora con el retoque final de 10$.

Gran diferencia no veo, pero yo no soy un experto así que…

Esos ojos dan algo de mal rollo.

Finalmente, con el retoque de la misma Rudnyk.

Pues bastante mejor que los de antes. Pero con diferencia.

Mirad la comparación entre la original y la hecha por ella.

Es que no hay color y nunca mejor dicho.

Claramente hay un obvio salto de calidad entre cada tipo de precio. Irene Rudnyk mencionaba que: “Soy perfeccionista y, por lo general, es muy difícil para mí confiarle a otra persona mi visión creativa”, añadiendo que no recomendaría a otros de la profesión que usaran esta herramienta de retoques.

Rudnyk subraya que: “Creo que la mayoría de las personas tienden a querer crear algo en lugar de simplemente documentar la vida cotidiana mundana. Nos gusta mirar y admirar cosas extraordinarias que son hermosas, y la edición nos ayuda a crear eso y acercarnos más a esa visión creativa”.

Pues eso, pizza con queso.

¿Qué os ha parecido? ¿Habéis usado alguna vez algún servicio de retoques de fotos alguna vez? Decidnos algo en los comentarios. 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, claro).

 

Fuentes: Bored Panda