Muchos habréis escuchado que, si nos ponemos una caracola (no la de bollería) en la oreja, podemos escuchar el sonido de las olas y del mar, pero, seguramente, no seréis muchos los que lo habréis comprobado.

Pues esa afirmación es cierta y, al mismo tiempo, no lo es. Lo que se oye no es el mar, sino una especie de vibraciones que nosotros, al ser sugestionados, asumimos que se trata del mar pues el cerebro crea una sensación que no es nada más que una ilusión acústica.

Es decir que, si nos dijesen que dentro de una caracola se escucha a Bad Bunny, al oír esas peculiares vibraciones las asociaríamos con la voz del famoso cantante de trap puertorriqueño. Incluso es posible que, si se hace eco de este hecho, en breves tengamos mucha gente en el metro escuchando caracolas sin auriculares.

Pero producir ese efecto no se puede conseguir únicamente y exclusivamente con una caracola, sino que nos basta con cualquier objeto semicerrado, rígido y de tamaño mediano como, por ejemplo, un vaso de cristal.

¿Cómo se produce el ruido?

Como algunos sabréis, el sonido se propaga a través de ondas que, cuando chocan con los objetos, se dividen en tres. Una de ellas atraviesa el objeto, otra lo hace vibrar y queda atrapada en él y la última sale rebotada hacia el exterior.

Eso hace que, cuando nos ponemos un objeto como una caracola en nuestra oreja, actúe como un amplificador de señal y podamos escuchar las ondas que han penetrado dentro del espacio interior del objeto y que nos recuerdan tanto al mar. De hecho, ese sonido es un ruido blanco, es decir, un sonido parecido a lo que se escucha cuando tenemos la televisión encendida pero sin estar sintonizada en ningún canal.

Igual que existe la luz blanca como resultado de la mezcla de todos los colores, el ruido blanco es la mezcla de todos los sonidos y eso, precisamente, es lo que escuchamos dentro de la caracola.

Esto se debe a que la caracola amplifica el conjunto de todas las ondas ambientales que llegan a nuestro objeto y lo atraviesan o quedan atrapadas en él. Es decir, la caracola reproduce aquellos ruidos que hay cerca y los mezcla juntándolos todos en el ruido blanco.

Si la caracola es un objeto especialmente susceptible de generar ese efecto se debe a que tiene una perfecta caja de resonancia, ya que por su forma, dimensiones y material, es perfecta para amplificar ciertas ondas sonoras frente a otras y eso hace que vibre con ciertas frecuencias.

Como la caracola permite la vibración y no opone resistencia a las frecuencias, hace que sea idónea para disfrutar de ese efecto de mezcla de ruidos.

De hecho, esa vibración es muy similar a la que sufre una ventana cuando, por ejemplo, pasa algún vehículo cerca generando la frecuencia concreta que hace que el vidrio se ponga a vibrar. La frecuencia concreta que hace que un material o un objeto vibre se llama frecuencia de coincidencia.

Esperamos que este artículo os haya servido para que, cuando escuchéis el ruido de una caracola, sepáis que si estáis cerca del mar escucharéis sonidos que vienen del océano, pero no solo eso, sino que estarán mezclados con el ruido de los coches, el de dos perros haciendo el amor y el de un padre gritándole a un niño “¡Jonathan! ¡No te metas pa lo hondo!”.

Vosotrxs, ¿habéis probado alguna vez de escuchar una caracola? ¿Os pareció escuchar el mar? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: acusticaweb, rtve