Las leyendas y mitos sobre monstruos siempre han sido parte de la cultura humana. En cada civilización siempre podemos encontrar un par o tres. Nos encantan este tipo de cuentos, porque el factor de horror y aventura siempre es atractivo. ¿A quién no le gusta una buena leyenda de un monstruo horrible que vive en una cueva? Aunque esta definición puede aplicarse a algunas personas que se pasan todo el día en casa.

El caso es que, algunas se convierten en historias míticas que las conoce todo el mundo. Historias que todos hemos oído hablar. Destacan sobre todo las del Monstruo del lago Ness, también conocida como Nessie, el Abominable Hombre de las Nieves, también conocido como el Yeti y el temible Chupacabras, también conocido como el vampiro de América Latina.

Y lo que tienen estas leyendas, es que algunos las escuchan tantas veces que se las acaban creyendo. La parte de verdad que tienen se exagera y se convierte en realidad. Explicaré lo de “la parte de verdad”. La merluza grandota que había en el lago Ness hace siglos cuando lo vio el primer pescador escocés una buena mañana de invierno después de una noche de resaca y música de gaitas, se debió de pensar que era un monstruo. Esa es la parte de verdad. Que hay algo en el lago. Pero no es Nessie (probablemente).

Esto es precisamente lo que ha pasado con Claudia Ackley, una mujer californiana que asegura que ha visto a Bigfoot. O el Sasquatch. Estos bichos tienen cien nombres diferentes. Porque el Yeti es lo mismo pero en los Himalayas. Y si nos ponemos tiquismiquis, el Abominable Hombre de las Nieves, es otro. En fin.

Volviendo a la noticia, Ackley, no solo aseguró haber visto al legendario monstruo de las montañas, sino que demandó al Departamento de Fauna y Pesca y a la Agencia de Recursos Naturales de California por no querer introducir a Bigfoot en la lista de especies que pueblan este Estado de EEUU. Es que no me lo podría inventar si quisiera.

Pero por si eso no fuera poco, resulta que la mismísima Corte Suprema de California, se tomó en serio (bueno, lo más que pudieron) esta demanda después de que se hubiese celebrado en la ciudad de Hastings, en Nebraska, la segunda conferencia nacional dedicada a esta criatura. Llegó a reunir a más de 700 personas. Y es que encima, es la segunda conferencia que se ha hecho. ¡La segunda! Es que mejora con cada momento.

La demandante, aseguró a la prensa americana que se encontró al monstruo en marzo del año pasado y según explicó “estaba subido a un árbol y tenía una cabeza tres veces más grande que la de un humano y debía pesar unos 350 kilos.” O sea, un oso. Pero no, mejor que sea el Sasquatch. A ver, hay que decir que la historia mejora así.

Ackely declaró que “vamos a acudir a los tribunales con pruebas, con expertos, con biólogos especializados en vida salvaje. Vamos a probar más allá de una duda razonable que la especie existe”. Los representantes del Estado no han querido hacer declaraciones a la prensa, al tratarse de un asunto pendiente de juicio, pero han dejado claro que no creen que Bigfoot sea una especie animal que merodee por los bosques californianos. Al menos, los jueces tienen algo de sentido común.

Curiosamente estas historias nunca tienen una confirmación visual. No existen fotografías ni pruebas de imágenes de los grandes monstruos míticos de las leyendas populares. Bueno, no hay fotos de buena calidad. Porque hay fotos, dos o tres contadas, pero siempre de malísima calidad. Borrosas y super pixeladas. ¿Los ovnis? Puntos borrosos. ¿El Yeti? Una figura humanoide uniforme. ¿Nessie? Una sombra sobre el agua. Pues eso. Pruebas con la validez de un diploma de la RJC.

Hasta que llegue el veredicto, estaremos a la espera y podremos saber si Bigfoot es real y vive en las montañas de California. Claudia Ackley, estamos contigo.

¿Qué os ha parecido? ¿Creéis que existen alguno de estos seres legendarios? Decidnos algo en los comentarios.

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, claro).

 

Fuentes: El País