El mundo está lleno de historias curiosas. Muchas de las cosas que oímos, los cuentos y las leyendas a veces son más ciertos de lo que nos pensamos. Y muchos de los libros clásicos que hemos leído están directamente inspirados en eventos que pasaran realmente. Aunque también ocurre al revés, que son los libros los que crean expectativas y tópicos con ciertos temas.

Uno de esos libros clásicos, es el de Las Aventuras de Robinson Crusoe, considerada como la primera novela inglesa moderna. Escrita en 1719 por Daniel Defoe, trata de la autobiografía ficticia del protagonista, un náufrago inglés que pasa 28 años en una remota isla desierta. Imaginaos eso, pasar casi tres décadas en una isla perdida en el océano y viviendo aventuras. Bueno, lo más parecido a aventuras de lo que se pueda hacer. Porque importa más sobrevivir que no otra cosa.

Una de las cosas que hace un náufrago es lanzar al mar un mensaje en una botella, para que con suerte llegue a buen puerto y pueda ser rescatado. Es uno de los tópicos más típicos pero que tiene casos en la realidad, así que tampoco se lo inventaron. El caso es que uno de estos mensajes en una botella ha sido encontrado en una playa en Australia.

Y no han encontrado una botella cualquiera. Encontraron la más antigua del mundo, que se haya podido encontrar hasta ahora, claro. Una familia australiana encontró en una playa del sudoeste de Australia un mensaje dentro de una botella de ginebra que fue arrojada en 1886 desde un barco alemán. Resulta que esta nueva botella, de 132 años, ha roto el récord anterior, superando a una que tenía 108 años.

La botella fue encontrada por Tony Illman, un australiano que paseaba con su familia por la playa de la isla de Wedge, aproximadamente a casi 200 km al norte de Perth. Fue entonces cuando vio una “bonita botella vieja” y se acercó a recogerla. Dentro había un papel enrollado que estaba sujeto con una cinta enlazada.

Es que imaginaos encontrar un artefacto histórico como este. Ya puedo imaginar la cara de Illman cuando descubrió la botella. Cuando lo encontró, se lo llevó a casa y abrió la botella para poder leer el mensaje. Dijo que al desenrollar el pequeño pergamino, vio que estaba escrito en alemán.

El mensaje estaba fechado el 12 de junio de 1886 e indicaba que había sido arrojado por la borda del barco alemán de nombre Paula cuando navegaba a unos 950 kilómetros de la costa suroccidental de Australia. Los Illman contactaron con el Museo de Australia Occidental y el arqueólogo marítimo Ross Anderson averiguó que era una botella de ginebra holandesa del siglo XIX.

Cuando se dieron cuenta de esto, Anderson contactó con sus colegas alemanes, que a su vez compararon el rollo de papel encontrado en la botella con los registros de navegación del Paula. Menudo efecto mariposa. Y lo que sorprende es que se tengan los registros de navegación de un barco cualquiera. Esto te hace pensar en la cantidad de documentos y registros de cualquier cosa que debemos tener por ahí, metidos en cajas polvorientas.

“Increíblemente había una entrada del 12 de junio de 1886 en el que el capitán registraba que se había arrojado una botella por la borda”, explicó Anderson, y precisó que “la fecha y las coordenadas correspondían exactamente a la información en el mensaje”.

Y es que resulta que sí hay una explicación de por qué los alemanes tenían los registros. El Observatorio Naval Alemán efectuó experimentos para entender las corrientes oceánicas con miles de botellas de ginebra holandesa que se arrojaron al mar desde barcos alemanes entre 1864 y 1933.

Las botellas contenían un mensaje en el que el capitán de la nave registraba la fecha, las coordinadas del barco y los detalles de su ruta, y en el reverso de la hoja se pedía la devolución de la nota al Observatorio Naval Alemán. Pues ahí tenemos la historia detrás del mensaje en la botella más antigua del mundo.

¿Qué os ha parecido? ¿Alguna vez os habéis encontrado una botella con mensaje o incluso lanzado alguna al mar? Decidnos algo en los comentarios.

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Fuentes: La Vanguardia