Muchas veces el cine nos engaña un poco. Bueno, un poco mucho. Hay muchos mitos y equivocaciones comunes con muchos temas que el cine de Hollywood se toma unas cuantas licencias a la hora de ser creativos. Esto suele ser como escenarios imposibles, costumbres inventadas o realidades históricas que se cambian para que vayan mejor con el guion.

Pero eso no es lo único. Algunas de las películas que salen de los estudios americanos llevan muchas inconsistencias. Por ejemplo: se equivocan de lugar del emplazamiento del film o se basan en clichés y estereotipos para referirse a grupos enteros de personas.

En el caso de las películas de acción y de aventuras, pues suele ocurrir más veces de lo contrario. Esto puede verse en películas como la saga del famoso arqueólogo y aventurero Indiana Jones, donde viaja a los lugares más recónditos del mundo en busca de tumbas y tesoros perdidos.

Y aquí es donde empieza nuestra historia, porque resulta que las exageraciones del cine, a veces, no son tan exageradas. Resulta que se ha encontrado una antigua tumba con unos mecanismos de defensa muy parecidos a los que se ven en la primera película de Indiana Jones.

En la primera entrega del aventurero, En Busca del Arca Perdida, la primera escena icónica del personaje interpretado por Harrison Ford acaba con el arqueólogo huyendo de una tumba antigua porque le persigue una enorme roca rodante. Esta escena marcó el inicio de una gran saga de películas, que podría decirse que la cuarta entrega perdió bastante la calidad de la trilogía original.

Pero sin entrar en un debate cinematográfico, resulta que en China se encontró una antigua tumba de mil años de antigüedad, armada con este extraño sistema de defensa. El mecanismo era un sistema de bolas de piedra rodantes que tenía como propósito defender el sepulcro de ladrones y saqueadores de tumbas. Osea 100% peliculero.

Los arqueólogos encontraron la tumba en la provincia china de Liaoning a principios de este año. De hecho, se encontró en el yacimiento de la localidad de Xinli y, según los expertos, podría pertenecer a un aristócrata de la dinastía Liao (916-1125), anterior a la invasión mongol de China. Osea casi nada. Mil años, que se dice pronto.

Según parece, el complejo mecanismo de defensa de piedras rodantes (que debía de ser tecnología punta en aquella época) también formaban parte del sistema de alcantarillado interior, que evitaba que la tumba se inundara. Es que fijaos. Qué bien lo tenían todo pensado cuando la construyen. ¡Y hace mil años, ni más ni menos!

Esto nos podría hacer pensar en que se decía que había trampas en las grandes pirámides de Egipto. Y que había pasadizos secretos y señuelos mortales. Si hubiese incluso un poco de verdad en todo eso, sería increíble. No solo por el hecho de que es una tumba del estilo de Lara Croft, sino que además lo hicieron personas de verdad y hace siglos. Impresiona, porque no tienen ni nuestra tecnología ni nuestro conocimiento.

El caso es que los arqueólogos chinos destacaron el hecho de que uno de los frescos dentro de la tumba había sido repintado hasta tres veces. En la pintura podía identificarse en la tercera capa de pintura diferentes figuras como vehículos, carros, camellos y formas humanas.

Los expertos creen que el primer fresco se pintó antes de la muerte del aristócrata, el segundo tras su funeral y el tercero, único en el que se pueden identificar los motivos dibujados, después del fallecimiento de su esposa, también enterrada en el lugar, que podría ser un panteón familiar.

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Fuentes: La Vanguardia