Hay muchísimas razones por las que en algún momento de nuestra vida nos podamos sentir bajos de autoestima, algo que nos impide disfrutar del día a día y, consecuentemente, ser felices. Por ejemplo; hay personas que no se sienten a gusto con determinadas partes de su cuerpo que desearían cambiar y hay personas que deciden intentar evitar el estigma de muchas formas hasta que por fin tienen la seguridad que necesitan en sus vidas para afrontar los días con fuerza y borrar miedos e inseguridades.

Hoy nos gustaría contaros la historia de Mariah Perkins, una joven de 20 años de edad que se ha sentido muy insegura a lo largo de los años debido a su apariencia. Concretamente, a su piel.

A los 11 años de edad, empezó a notar que su cuerpo iba cambiando: vio que tenía unas manchas en uno de los dedos de su mano, algo a lo que en un principio no dio mucha atención.

A medida que pasaba el tiempo, notó que le empezaron a salir manchas blancas por todo el cuerpo e incrementaban tanto en tamaño como en número. En sus brazos, en su rostro (sobre todo en la parte inferior de su nariz y alrededor de sus ojos).

En ese momento, decidió visitar a un profesional. “Cuando aparecieron en mi rostro, mi madre me llevó directa al médico. No parecía preocupado, pero mi madre me presionó para que visitara a un dermatólogo“, explica Mariah. Finalmente, fue el dermatólogo quien le explicó lo que le estaba ocurriendo.

Me dijeron que tenía vitíligo, una condición que provoca que mi piel pierda pigmentación. Para empezar, estaba aliviada de tener un diagnóstico, pero cuanto más conocía sobre ello, más me preocupada“.

Los efectos que esta enfermedad tiene en el cuerpo pueden tener una gran influencia en la seguridad de la persona y eso es lo que le pasó a Mariah: su autoestima estaba hecha pedazos.

Emocionalmente, fue duro. Al principio, lo negaba y no pensaba demasiado en ello. Pero cuando entré en la adolescencia, quería encajar y costaba ser diferente de los demás. Nunca me sentí guapa o bonita“. Además, a medida que pasaban los años, las manchas blancas de su piel aumentaban.

Cuando vio fotos suyas de pequeña, se dio cuenta lo mucho que había cambiado su piel y empezó a “esconder su condición” con maquillaje. Cada día, dedicaba 45 minutos en maquillarse. “Me aseguraba que todo mi rostro estuviera cubierto e intentaba hacerlo ver lo más natural posible“.

Solo su familia conocía su rostro real y evitaba revelar su apariencia real a sus amigos; sin embargo, se sentía incómoda al llevar tanto maquillaje, especialmente porque ninguna de sus amigas llevaba.

Luego fue a la universidad para estudiar sociología y justicia criminal y allí todo cambió. “La gente parecía ser más receptiva y positiva“. Como resultado, su autoestima aumentó y por fin consiguió el valor que necesitaba para lucir su rostro natural. En el campus, en el trabajo…

Ahora no tiene miedo a nada y sale con sus amigos sin sentir la necesidad de aplicarse ni una pizca de maquillaje en el rostro.

En cuanto al amor, espera encontrar a una persona que la quiera tal y cómo es. “Nunca he tenido formalmente un novio. Me gustaría conocer a alguien que me acepte cómo soy. Alguien con la que me sienta cómoda sin estar maquillada. No puedo cambiar mi piel, así que la persona deberá amarla y ser comprensiva“.

No sería quien soy hoy sin todo por lo que he tenido que pasar. Me ha abierto la mente y me he ha hecho pensar en las cosas de una forma diferente. De pequeña, no destacaba, pero tener vitíligo ne hacía distinguirme entre la gente y me ha obligado a ser segura“.

¿Qué pensáis de las palabras de esta chica? ¿Habéis vivido alguna experiencia similar? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: urbo scribol