De aguantarse las ganas de hacer pipí no se libra nadie. Todos los habitantes de la Tierra, en algún momento determinado, hemos sentido unas irrefrenables ganas de liberar nuestra vejiga, pero por motivos ajenos a nuestro control, hemos sido incapaces de hacerlo. En ocasiones porque estamos en medio de una película en el cine, o bien porque estamos en medio de una reunión de trabajo o porque, simplemente, estamos en la calle y, si nos pilla la poli, ese mes no comemos caliente.

Aguantarse las ganas orinar, en principio, no comporta ninguna consecuencia negativa, siempre que se haga durante un periodo de tiempo razonable. Si nos vamos a los datos concretos, la vejiga humana puede retener entres 250 y 350 mililitros antes de sentir que nos vamos a mojar los pantalones.

Durante el sueño, por ejemplo, la vejiga puede llegar a doblar su tamaño, de tal forma que podamos dormir bastante más tiempo antes de sentir ganas de ir a lavabo. También cabe destacar que, a partir de los 200 mililitros, una persona adulta ya puede orinar a pesar de no sentir ganas.

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¿Qué pasa cuando la vejiga está a punto de estallar y, por el motivo que sea, no podemos ‘liberarla de su sufrimiento’? Las consecuencias que podemos sufrir en nuestro organismo son muchas y ahora os enumeraremos una a una, para que vuestra paranoia e hipocondría llegue a cuotas máximas. Si es que somos un cielo.

1Infecciones varias

Este es uno de los mayores problemas de no liberar nuestra vejiga a tiempo. Nuestro orina, en mayor o menor proporción, contiene varios tipos de sustancias ácidas y amoniaco en pequeñas proporciones.

Estos elementos pueden perjudicar las paredes de nuestra vejiga y todo el tracto urinario. Estos mismos conductos tienen ciertos tipos de bacterias y, si se perjudican dichas paredes, las bacterias tienen entonces vía libre para jodernos la vida. ¿Resultado? Cistitis.

2Reflujo

El reflujo vesicoureteral (¿Habéis visto qué 100tifiko?) o VUR es una cosa chunguísima que os puede ocurrir y que ahora os explicaremos en qué consiste (da muy mal rollo, avisados estáis). La cosa es que la orina retrocede desde la vejiga hasta los riñones. Es decir: hace el camino inverso al que debería.

Esta es una enfermedad que, por lo general, se transmite de padres a hijos, pero podemos forzar nuestro organismo hasta llegar a sufrirla. Lo que no debemos hacer es poner trabas al orinar con normalidad. En ese caso, podríamos provocar que nuestro ciclo urinario se viese alterado.

3Ensanchamiento de la vejiga

El ensanchamiento crónico de nuestra vejiga puede ser un serio problema al que debamos enfrentarnos si empezamos a aguantarnos las ganas de orinar de forma regular. Si hacemos esto de forma repetida, pueden producirse asincronías a la hora de hacer pis.

Básicamente, lo que estamos haciendo es volver loca a la vejiga y que esto se repercuta en que ya no podamos orinar con normalidad: vaciado incompleto, ganas de orinar cada poco tiempo, etc.

4Cólicos nefríticos

Duele, duele muchísimo. La orina se estanca y se producen sales y minerales que se acumulan y se sedimentan en los riñones, creando piedrecillas cristalinas que, por ser breves, nos amargan la vida a base de dolor y mucho sufrimiento. ¿Os suena el nombre de ‘cálculos renales’? Pues eso.

Expulsar estas pequeñas piedras puede ser un auténtico infierno. Podemos sentir desde dolor en nuestras lumbares hasta fiebre intensa y vómitos. En los casos más graves, los cálculos pueden obstruir los conductos y evitar que la orina circule. Un maldito infierno, vamos.

¿Nuestro consejo después de leer todo esto? Mead en los pantalones antes de aguantaros las ganas. Avisadxs estáis.

A vosotrxs, ¿qué os ha pasado por la cabeza cuando habéis leído todo esto? dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: mejorconsalud, diarioinformacion.