Ser camarero no es fácil. Es verdad que hay trabajos que, como pasa en todas las profesiones, son más complicados de ejercer, eso no lo vamos a discutir. Pero lo que sí es cierto es que, de forma diaria, tratar decenas o centenares de personas en un momento en el que estas tienen hambre y, por lo tanto, están más susceptibles… pues eso: que puede llegar a ser un maldito infierno. 

Aquí os dejamos algunos ejemplos de cosas que, como comensales, hacemos en los restaurantes y que pueden cabrear muchísimo a los camareros (otro día traeremos el artículo inverso, no os preocupéis):

1Cambiar el pedido a última hora

Muchas personas no entienden que, cuando un camarero transmite tu pedido a la cocina, esta se pone inmediatamente manos a la obra y empieza a preparar cada uno de los platos.

La comida ya se está haciendo y, que a ti, a última hora, te dé por cambiar el plato, no es motivo suficiente para tener que tirar toda esa comida a medio hacer a la basura. Haberlo pensado mejor antes. (ui, que nos sobresaltamos más de lo debido).

2Pedir la cuenta a tres camareros diferentes

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A la hora de pedir la cuenta, la mayoría de personas tiene una prisa equivalente a tener muchas ganas de hacer de vientre, ir en el ascensor, que este se pare en cada uno de los pisos y vivir en el ático. ¿Cómo es posible que, comiendo en un restaurante, entren esas prisas repentinas? En medio de esa desesperación, muchas personas tienden a pedir la cuenta a cualquier camarero que les pase por delante… varias veces.

3Pedir cambios en todos los platos

Si pides un plato que está hecho con unos ingredientes determinados, no te extrañes cuando te lo sirvan en la mesa y tenga… exactamente esos mismos ingredientes. ¿Qué te esperabas?

4Pedir que te describan todos los platos

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A la hora de pedir, hay muchas personas que, por alguna razón, deciden que quieren saber cada uno de los ingredientes de absolutamente todos los platos de la carta del restaurante y, a poder ser, también los del restaurante de al lado. ¿Qué hacen al final? Desestimar todo lo que han preguntado y quedarse con unos nuggets con patatas.

5Levantarse de golpe de la silla

Este es un detalle bastante pequeño, pero más molesto de lo que podríais pensar en un primer momento. En muchos restaurantes, la zona que tienen los camareros para circular es muy estrecha. El hecho de que la gente se levante de la silla como si estuviese haciendo un número para ‘El Circo del Sol’ no ayuda a que, por desgracia, ocurra algún accidente.

6Derramar cada una de las bebidas que te traigan

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Las personas, cuando se sientan en una mesa llena de cristalería cara, sufren de una especie de ataques de tembleque repentinos que provocan que cualquier vaso (sobre todo si está lleno de líquido), sea susceptible de acabar en el suelo. Como comprenderéis, esto, a los camareros, no les hace demasiada gracia.

7Quejarse de todo (sin motivos)

La gente se pone muy sibarita cuando va a comer o cenar en un restaurante: “el crío de la mesa de al lado no para de hacer ruido”, “la temperatura del aire está demasiado alta (o demasiado baja)”, o “cómo será la barranca que el sapo la sube al trote”. Hay mucha gente en una misma sala y no se puede tener contento a todo el mundo.

8Algo está demasiado frío y luego demasiado caliente

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La termoregulación de la boca de las personas es bastante bipolar. Hay personas que, cuando reciben un hermoso plato humeante, lo prueban y reclaman afirmando que, por muy poco, no se les ha helado la lengua. Una vez les calientas el plato y lo vuelven a probar, profieren un grito al cielo afirmando que, durante unos segundos, han tenido una pequeña porción del infierno en su boca.

9Llamarlo como si fuese un perro

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Nada de chasquear los dedos y silbar: los camareros son personas y se les puede llamar de una forma más normal. No hay porque proferirles señales sonoras o gritos como si estuviésemos adiestrando a un caballo o un perro.

A vosotrxs, ¿qué os han parecido estas situaciones? ¿Os han pasado alguna vez? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

Si os ha gustado este artículo recordad que, más abajo, podréis disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos (o eso esperamos, claro).