Querernos y aceptarnos tal y cómo somos es algo importantísimo para ganar confianza en nosotrxs mismxs y en nuestras capacidades, teniendo en cuenta tanto nuestros «aciertos» como nuestros «errores», sean del tipo que sean. Si uno mismo es feliz, seremos felices con los demás. Puede ser que haya cosas que no nos agraden, pero debemos tener autoestima y no fijarnos solo en lo negativo, ni mucho menos. Ni todos somos perfectos, ni nadie es un desastre.

Keira Walcott es una joven que se maquillaba cada día y dormía con maquillaje para que su novio no viera cómo era en realidad su rostro. Todo empezó a los 10 años de edad cuando Keira descubrió un punto blanco bajo su ojo izquierdo.




«Mis compañeros me miraban fijamente y a mis espaldas algunos me llamaban ‘Patchy el pirata’«. A los 14 años fue diagnosticada con vitíligo, que afecta al 1% de la población mundial. Desde entonces ha odiado los pigmentos blancos que la enfermedad le ha causado.




Keira dejó la escuela a los 16 años de edad y se mudó con su novio de entonces, pero le hacía sentir «fea» por su rostro y al final rompieron.

«Me hacía sentir todavía más insegura con mi condición y yo era más dependiente de mi maquillaje que nunca. A veces, era lo único que me daba la confianza de salir de casa«.

«En esa época, mi abuelo falleció y el estrés y el dolor hicieron empeorar los pigmentos hasta cubrir el 80% de mi rostro». Desesperadamente avergonzada, toqué fondo«.

Después conoció a un chico llamado Owen con el que finalmente empezó a salir. Por miedo a que la dejara si veía su rostro tal y como era, durante siete meses fue maquillada día y noche, incluso cuando nadaba. Cada día, dedicaba 45 minutos a maquillarse.




«Estaba convencida de que no le gustaría mi verdadero y no le di la oportunidad de ver mi piel desnuda«.

Hasta que, una noche, el maquillaje no aguantó la alta temperatura y se derritió sobre la almohada, dejando su verdadero rostro al descubierto.

«Me escondí durante años debajo de capas de maquillaje, sintiéndome muy avergonzada de mi piel manchada«.

Owen le preguntó qué eran las marcas en su rostro y ella le explicó su batalla con el vitíligo.

«Apenas reaccionó, lo aceptó y me dio un abrazo. Me sentí tonta por ser tan paranoica y fue un alivio que supiera la verdad. Saber que mi pareja me aceptaba por lo que era me dio la seguridad de seguir adelante e intentar ayudar a los demás«.





«Sabía que tenía que intentar convertir mi batalla contra la condición en algo positivo. Ayudar a los demás a superar los miedos paralizantes que yo solía tener se siente genial«.

Meses después, Keira lanzó una marca de productos para la piel. No solo ayuda a personas con vitíligo, sino también con otras condiciones como el eczema, la psoriasis o la rosácea.

«Ahora, casi todos los días me maquillo, pero también doy descanso a mi piel. Nunca me quitaría el vitíligo. Solía ser la cosa de la que más me avergonzaba, pero resulta que es lo que ha iniciado mi carrera«.

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Fuentes: mirror metro