Mark Ruffalo se ha hecho, a sus cincuenta años de edad, un hueco en Hollywood como un simpático hombre que siempre tiene una sonrisa para todo el mundo. Pero la vida no siempre le ha sonreído a Mark. De hecho, ha tenido que vivir alguna que otra situación realmente dura.

Para empezar, cuando era joven le costaba estudiar (él mismo cree que sufre de dislexia sin diagnosticar) y sus padres se mudaron (un decorador y una estilista). Pero la mudanza no trajo consigo cosas buenas y su padre volvió a su ciudad natal y los dejó a él y a su familia detrás y en completa bancarrota.

Pese a no tener dinero, Ruffalo decidió ser actor (aunque podría haber conseguido una beca universitaria como luchador) y compartió piso con dos personas más mientras cada semana comía pasta con atún.

Durante todo ese período de tiempo en que Hollywood no le sonrió, Mark Ruffalo hizo muchas audiciones sin ningún tipo de éxito (él calcula que entre 600 u 800 ni siquiera tuvieron respuesta) y toda esa frustración terminó convirtiéndose en problemas de ira y ansiedad que hacían que las paredes de su casa estuviesen llenas de posters que tapaban los agujeros que iba haciendo en sus días de “enfado”.

Además, todo esto mientras, en el barrio en que vivía, había muchas guerras entre bandas que controlaban la zona, haciendo que, a diario, tuviese que presenciar muchas escenas impactantes. Por ejemplo, un día, mientras trabajaba en una tienda, le apuntaron con una pistola para robarle, pero un policía logró disparar antes al criminal.

Por suerte, gran parte de estos problemas los pudo solucionar gracias a la meditación (menos el de la guerra del crack en su barrio). Un amigo suyo se lo recomendó y desde entonces le ha servido mucho para poder controlarse a sí mismo. De hecho, a partir de ahí también mejoró su carrera.



Su primer trabajo fue un anuncio de Clearasil, pero realmente se empezó a convertir en una estrella con el aclamado drama «Puedes contar conmigo» y su aparición en «La última fortaleza» de Robert Redford. Desgraciadamente, justo cuando iba a interpretar el papel que finalmente Joaquin Phoenix hizo en Señales, le detectaron un tumor cerebral (en realidad se lo detectó él mismo en un sueño premonitorio).

La cirugía era muy arriesgada y, de hecho, había un 80% de posibilidades de que perdiese el oído y un 20% de que sus nervios faciales quedasen dañados. Pensaba que iba a morir.

Todo esto mientras su mujer estaba embarazada de su primer hijo y solo quedaban semanas para su nacimiento, Ruffalo incluso llegó a grabarle una cinta para cuando este fuese mayor en caso de que muriese y, de hecho, durante la cirugía, su corazón se paró un instante.

Al final la operación fue bien, pero muchos de sus nervios quedaron dañados haciendo que una parálisis afectase su cara. Afortunadamente, conforme fueron pasando los meses esta fue desapareciendo y su carrera salió disparada como un cohete. En 2011 logró una nominación al Oscar por «Los chicos están bien».

Pero antes de eso, aún vivió alguna que otra tragedia. Por ejemplo: en diciembre de 2008, el hermano menor de Mark apareció muerto con un tiro en la sien. Aunque aún no se sabe si fue asesinado, los testimonios dicen que se trató de una herida autoinflingida jugando a la ruleta rusa.

Pero su hermano no es la única persona cercana a él que falleció: su amigo de la infancia se suicidó en el 94, al igual que el hermano de Sean Penn, Chris Penn, que murió de sobredosis y con quien Ruffalo tenía una gran amistad.

Pero faltaba la guindilla del pastel, cuando Ruffalo expresó su disconformidad sobre la perforación para conseguir gas natural en Estados Unidos de América, el gobierno se apresuró a investigarlo y lo tachó de terrorista.

Como habéis podido comprobar, aunque uno puede pensar que Mark Ruffalo ha tenido mucho éxito en la vida, la realidad es que ha tenido que vivir varias experiencias realmente duras de las que ha sido capaz, sobre todo mentalmente, de salir adelante.

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Fuentes: nickiswift, rollingstone