Hoy nos gustaría contaros una historia de esas que envían un mensaje y dan una lección a muchas personas que desgraciadamente a día de hoy parece que hay cosas muy básicas que no tienen muy claras. ¿Por ejemplo? El tema del bullying, una realidad que sigue sucediendo desgraciadamente y que hace sufrir a muchas personas de todas las edades en nuestro planeta. Años después, muchas personas viven con secuelas: depresión, ansiedad, fobia social, pánico… Puede costar mucho superarlo, pero hay que seguir adelante hasta conseguirlo.

Elizabeth Jobson es una profesora de 23 años que cuando era pequeña sufrió bullying debido a su peso. Llegó a pesar 127 kg y la llamaban la “amiga obesa”. Lo pasó muy mal y probó de controlar su peso, pero no lo consiguió.

Solía esconder todo tipo de snacks por su casa pero que, llegado el momento, decidió dar un giro a su vida y hacerla un poco más ligera. Ahora, por fin puede sentirse a gusto con sí misma con su peso de 70 kg.

“Estoy encantada con la diferencia, lo noto muchísimo en mi día a día”.

“Lo más curioso es que, desde que he perdido peso, los mismos niños del colegio que me ponían motes y se reían de mí, son los que ahora intentan constantemente hablar conmigo y me hacen bromitas intentando ser lo más graciosos posible”.

Ahora ella es la que ríe. En el colegio se burlaban de ella sin piedad y eso la hizo entrar en un círculo vicioso en el cual no podía dejar de comer por mucho que lo intentase.

“La única parte mala es que he perdido muchos de los amigos que tenía cuando estaba en el colegio porque, desde que he adelgazado, ya no quieren pasar tiempo conmigo”.

“A mucha gente le gustaba porque me consideraban su ‘amiga obesa’, pero ahora ya no muestran interés en seguir siendo mis amigos”.

Debido a sus comentarios, decidió dar un cambio a su vida con un objetivo que puede parecer algo superficial, pero cualquier cosa que te motive a mejorar tu salud siempre es positiva.

¿De qué se trata? Pues Elizabeth había reservado unas vacaciones a Marmaris (Turquía) con sus compañeros de trabajo y pensó que nunca sería capaz de mostrarse ante ellos en bikini.

Así que se impuso unos límites a sí misma para controlar lo que comía. Nada de comer después de las seis de la tarde, eliminar por completo los snacks y planear la dieta junto a su madre.

“Gracias a eso conseguí adelgazar mucho en poco tiempo, vestir un bikini y hacer muchas cosas que no había hecho desde que tenía cinco años. Odiaba nadar, pero creo que en realidad me odiaba a mí misma”.

“Eso hizo que esas vacaciones fueran las mejores de mi vida. Tenemos fotos espectaculares en las que salgo junto a mis amigas y me veo ‘como ellas’, no sentirme el patito feo del grupo es una sensación realmente agradable”.

Elizabeth dice que sigue viéndose un poco “grande” cuando se mira al espejo, sin embargo, ya no siente esa vergüenza que la condicionaba tanto, sobre todo en su puesto de trabajo.

Cuando me veo en una foto de antes me da la impresión de que estoy viendo a otra persona. Pero, en realidad, por dentro siento que soy la misma, simplemente y por razones obvias, he ganado en seguridad en mí misma. Todavía tengo la misma personalidad y me gustan las mismas cosas. Solo es mi cuerpo lo que ha cambiado por completo”.

Además, los chicos que se burlaban de ella ahora no dudan en pedirle para salir, pero ella no tarda en decirles “dónde ir”.

Lo divertido es que desde que he perdido peso, muchísimos de los chicos del instituto que solían llamarme por apodos y cachondearse de mí ahora intentan camelarme y cosas así. Les digo dónde tienen que ir de inmediato“.

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Fuentes: ladbible, dailymail