Cuando te acercas a los 30 años notas que te vas haciendo mayor, no solo por el hecho de que numéricamente estás más cerca, sino porque lo sientes en todos los ámbitos de tu vida, desde tus relaciones sociales a cuestiones físicas. Es normal que alguien pueda sentirse agobiado por ello, pero, en realidad, no se trata de nada más que otra etapa de nuestra vida que hay que abrazar.

Esperamos que, con las diferencias que hay entre una persona de veinte años y una de treinta que os proponemos a continuación, por lo menos, os calméis un poco viendo que muchos de estos síntomas de senectud nos ocurren a todxs.

Las mañanas del fin de semana

Antes solías dormir hasta las tantas, pero ahora, ya sea porque te despiertan los niños o porque algún tipo de alarma biológica hace que te levantes, te resulta complicado aguantar en cama hasta mediodía.

Las resacas duran dos días

Solías beber como un cosaco por la noche y, a la mañana siguiente, ya estabas listx para volver a la acción. En cambio, ahora necesitas varios días de recuperación durante los cuales solo puedes comer pan y tomar bebidas isotónicas.

Tu estilo vistiendo

No es que ahora ya no lo tengas, pero escoges opciones más pragmáticas. Puede que, si fueses más joven, te vistieras como un trapero, pero como estás más “viejuno” como mucho te pones unas bambas con unos pantalones tejanos y una camiseta básica.

Los dolores

Cuando eres joven puedes caerte haciendo parapente y levantarte sonriendo con dos brazos rotos (puede que estemos exagerando un poco). En cambio, cuando llegas a los 30 empiezan a surgir esos dolores aleatorios de espalda, cabeza, rodillas o lo que sea.

Las reuniones de amigos

Antaño solías quedar con los amigos (incluso, a veces, después de cenar) haciendo una fiesta donde solo era necesario el alcohol y algún sitio tranquilo (no importaba si era un coche o un callejón) donde consumirlo.

Pero ahora necesitas una casa con aire acondicionado y una habitación para los abrigos. Además, la comida es lo más importante y con dos botellas de vino que haya traído alguno de los invitados tenéis más que suficiente para poneros “piripis”.

Las palabras modernas

Solías ser tope de guay y siempre estabas a tope con lo que estaba más “in”. Sin embargo, ahora no eres capaz de entender la mitad de las palabras que pronuncia un joven de veinte años. En plan.

Las discotecas

Si eres muy joven puede que pases más tiempo en la discoteca que en clase, pero conforme te haces mayor dejas de ir y empiezas a olvidarte de lo que se hacía en ellas. De hecho, puede que ni siquiera recuerdes cuándo fue la última vez que fuiste a una.

Los juegos de mesa

A partir de cierta edad, empiezas a sustituir esos juegos en los que te obligas a ponerte como una cuba forzando la máquina hasta niveles insospechables por juegos donde cada persona gestiona su alcoholismo como quiere. El Carcassone o el Catan son un buen ejemplo de ello.

Tema de conversación

Solías hablar siempre de temas de actualidad o de cultura, pero ahora ya solo haces que hablar de lo caro que está todo o, como mucho, de comida.

Las relaciones

Obviamente, nuestras relaciones de pareja o el modo en que nos las planteamos también cambian drásticamente con la edad.

Normalmente solemos ser más directos, sabemos aquello que nos gusta y también tenemos claro (o, por lo menos, un poco más claro que a los veinte años) que queremos de nuestra vida, con lo cual no estamos para rodeos.

¿Os habéis sentido identificados con estas diferencias? ¿Podríais añadir alguna más? Ponédnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: metro, elitedaily