La protagonista de nuestra historia de hoy es una madre que se ha gastado más de 100.000 euros en cirugías estéticas y que ha admitido que sabe que su «adicción» podría matarla, pero dice que, al menos, se verá bien en su ataúd.

Aimi Veness, de 43 años, natural de St Leonards-on-Sea, Inglaterra, está formada, en la actualidad, por innumerables rondas de Botox, un trabajo de nariz de 3.500 euros, una cirugía de párpados, rellenos labiales y una cirugía ocular de 4.000 euros. Según ella, todo esto vale la pena… aunque ya no se parezca a su hijo (él era clavadito a ella).

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En la actualidad, vive con un dolor constante tras haber sido diagnosticada con fibromialgia. Ella afirma que esto fue fruto de usar inyecciones de hormonas ilegales para hacer que su piel pareciera más joven, pero también reconoció que valía la pena para verse bien y parecerse a su ídolo desde que era pequeña: la Mujer Maravilla.

«Todo este sufrimiento y la medicación que tengo que tomar a diario es autoinfligido por la cirugía, cuyo único objetivo era mejorar mi aspecto. La única vez que no sufro es cuando me operan. Obviamente son los analgésicos con los que me sedan, ¡me siento como la Mujer Maravilla!».

«Pero preferiría tener este dolor y conservar mis pechos. Solo creo que vale la pena correr el riesgo de ver cómo me veo y aguantaré este dolor para mantener mis pechos. ¡Por lo menos me veré bien en mi ataúd!».

Mientras trabajaba como bailarina, Aimi comenzó a recibir jabones de botox a los 25 años para mantener a raya el envejecimiento. Cuando cumplió 26 años, gastó 6.000 euros en un retoque en sus pechos, llevándola de una copa B a una DD.

Conoció a su esposo Marc, de 44 años, cuando tenía 35. Él reconoce que fue su apariencia juvenil lo que lo atrajo de ella. Con su cumpleaños número 40 ‘recién’ superado, Aimi ha comenzado a sentirse cada vez más aterrorizada por el hecho de que cada vez se ve más vieja (según ella).





Cuando Marc le contó acerca de las nuevas y controvertidas inyecciones de hormonas de crecimiento después de haber oído hablar de ellas en el gimnasio, Aimi decidió intentarlo. «Las busqué en Internet, y fueron bautizadas como la ‘fuente de la juventud’, ya que ayudan a rejuvenecer las células de la piel».

«A los famosos en Estados Unidos les encantaron: leí que Demi Moore era supuestamente una fanática, y Madonna aparentemente apostó de lleno por esta técnica. Pero a medida que investigaba un poco más, vi que se decía que las inyecciones causaban diabetes, dolor en las articulaciones y que incluso habían estado relacionadas con el cáncer».

«Además, en el Reino Unido solo se venden en el mercado negro, por lo que nunca se puede estar seguro de lo que está comprando. Estaba desgarrada, pero racionalicé los riesgos: un montón de cosas dan cáncer en estos días, y he usado de todo en mi vida y nada me ha matado».

«En un par de semanas después de usarlos, estaba realmente convertida en otra cosa. Mi piel se sentía más suave y más tersa y perdí más de tres kilos a medida que las inyecciones aceleran mi metabolismo. Gastaba hasta 200 euros al mes en mis dosis».

Un año después de usarlas, el médico de Aimi le dijo que había desarrollado fibromialgia, una condición que causa dolor en todo el cuerpo, por lo que tuvo que detener las inyecciones.

Decidió reemplazarlas por otros productos y, en diciembre del año pasado, voló hasta la clínica Surgery TR en Turquía para una elevación brasileña de pompis de 2.600 euros… y acabó por conseguir un puesto de trabajo ahí:

«Me llevé tan bien con la compañía que me pidieron que fuera una de sus embajadoras. Comienzo Booty Camp en septiembre, porque todo el mundo está pidiendo ‘el procedimiento’ de Kim Kardashian en este momento».

«Mi tarea consiste en conocer a las chicas que están a la espera para someterse a una cirugía en Gatwick, vuelo con ellas, las cuido y las llevo de regreso: me pagan y me dan una cirugía gratis. ¡Mi esposo no me reconocerá pronto!».

Ella admitió que la presión sobre las chicas jóvenes para verse bien es una preocupación real de la sociedad: «Por lo general, las chicas jóvenes se acercan a mí en Instagram y me preguntan sobre las operaciones. La cantidad de chicas que se operan es una locura, lo cual es bastante preocupante», reconoció Aimi.

«Es realmente adictivo. Muchas de las chicas de Love Island han hecho cosas descabelladas, están enviando un mensaje negativo, ¡aunque no puedo decir nada!».



Y vosotrxs, ¿creéis que se parece a Wonder Woman? ¿qué os parecen este tipo de ‘obsesiones’? ¿Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: The Sun, Daily Mail.

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