Hablar del amor puede resultar algo muy escabroso y cuyo enfoque puede ser bastante más complicado de encarar de lo parece en un primer momento. Es verdad que, cuando nacemos, no estamos solos y que no hay ninguna necesidad de tener que estar, sí o sí, acompañados o acompañadas en todo momento. Pero también es cierto que, compartir nuestra vida con alguien, suele ser bastante gratificante.

Si podemos estar mejor… ¿por qué no estarlo? Pero si cuando tomamos la decisión de buscar pareja la cosa se complica, imaginaos lo que es mantenerla una vez la tenemos… si es que todo son dificultades…

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El truco radica en mantener viva la chispa de la pasión. Esta es fundamental para que, a pesar de que pase el tiempo, ambas personas mantengan las ganas de estar la una con la otra. La magia es necesaria y eso es algo que muchas personas olvidan una vez deciden compartir su tiempo juntos.

¿Cómo mantener viva dicha magia? ¿Qué se puede hacer para alimentar el fuego de la pasión? La respuesta es muy compleja y no hay un solo método que funcione. Puede que, para algunas parejas, una cena sea suficiente. Pero puede también que se necesite algo como un viaje por todo el mundo o un par de milagros.

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En cualquier caso, sea la idea que sea, de seguro es mejor que la que hoy nos trae nuestro protagonista de hoy. Se trata de un pobre diablo que, buscando darle una sorpresa a su novia, casi la lía muchisísimo.

A ella le encantaban los dulces y él lo sabía. Sus postres preferidos eran los muffins con crema y las galletitas de canela con nata. Cosas bastante sencillas de preparar, por lo que él, para añadirles un toque especial, decidió darles un poco de ‘calor’.

Así pues, puso todos esos manjares en una cómoda cama (como insinuando cosas que ya sabéis…) y el plus eran unas velitas tremendamente cálidas que daban el toque romántico que le faltaba para clavar su ‘experiencia del amor’.



Viendo que, igual, había demasiado dulce, decidió también comprar una pizza gigante con forma de corazón y muchísimo peperoni. Si con eso no conseguía que ella estuviese con él el resto de su vida, muy probablemente, nada podría hacerlo.

Ya solo quedaba llevar a ella con los ojos cerrados hasta la habitación y ver como ella, al presenciar tan hermosa escena, se derretía ante él y le juraba su amor eterno. Todo era perfecto. La situación iba camino de convertirse en algo inolvidable… y así lo fue, pero por los motivos menos indicados.

Las velas, como podéis ver más arriba, hicieron su cometido… pero de una forma bastante más extrema de lo que caía esperar y arriba podéis ver el resultado. La verdad es que la situación se calentó bastante… demasiado, dirían algunos.

Por suerte pudieron actuar a tiempo y, cuando el olor a colchón carbonizado empezó a invadir la casa, aún no era demasiado tarde y pudieron sofocar las llamas sin que la cosa fuera a peor.

La pregunta que nos surgió en ese momento fue la siguiente: ¿qué pasó entonces con la velada romántica? ¿Se fue la relación al garete? Lo cierto es que no. De hecho, ella se lo tomó con bastante humor e incluso, le ayudó a recoger todo el desastre que, de forma involuntaria, había creado.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta forma de alimentar la chispa del amor? ¿Creéis que puede haber alguna opción algo menos…arriesgada? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: La Zona, La Guía del Varón.