La vida está llena de pequeñas situaciones cuya dimensión es reducida, pero cuya riqueza vital es incalculable. Caminamos por la vida mirando a todos sitios, pero, en el fondo, nos fijamos en nada. Estamos sobresaturados de información, pero no sabemos nada. Hemos perdido la consciencia de que, si levantamos la mirada de nuestro teléfono móvil, hay un mundo delante nuestro esperando a ser (re)descubierto.

Esto es lo que ha aprendido el protagonista de nuestra historia de hoy, cuya vivencia ha dado la vuelta a Internet en las pocas horas que lleva colgada y que ha removido conciencias como en pocas ocasiones se ha visto.

«Acabo de vivir uno de los momentos más bonitos e intensos de mis 17 años de vida madrileña en Metro de Madrid», así comenzaba el hilo de Twitter que abrió el usuario Lucas Sánchez (@Sonicando) este pasado fin de semana y que ha corrido como la pólvora.

Es un relato vivido por el propio Sánchez y que viene a ser una prueba fehaciente de que aún queda un poco de bondad en la humanidad y que, en muchas ocasiones, esta viene de donde menos te la esperas.

¿Existe gente que ayuda a los demás porque sí? ¿Cómo que alguien no hace algo por su propio interés? Eso fue lo que descubrió Lucas con esta historia y le agradecemos que haya decidido compartirla con el resto de los mortales.

Así daba inicio la historia: una anodina noche cogiendo el transporte público cuando ocurrió lo inesperado.

La primera lección de humildad viene de la mano de un chico marroquí que, como pudo comprobar Sánchez, no conocía de nada al ‘yonki’ que tan perjudicado se había sentado en su mismo vagón.

Esta es ese tipo de acciones que, a pesar de que solemos verlas en las películas, nunca esperamos vivirlas en nuestra vida cotidiana: ¿existe realmente gente tan buena?

El ‘yonki’ está claramente abrumado por las inmensa bondad del chico marroquí al que no conocía de nada (como para no estarlo).

Para él también fue algo tremendamente emocionante y casi no podía ocultar las lágrimas que estaban al borde del precipicio.

Lucas no pudo resistirse a elogiar al joven marroquí por tal acto de bondad. Pocas veces había visto algo así.

Se trata de una situación de empatía: él sabe lo que es estar en el pellejo del otro y conoce también la importancia de estos pequeños gestos.

Es consciente también de que puede que no haga más que empeorar el problema, pero también sabe que existe la posibilidad de que ese dinero ayude a esa persona a, poco a poco, empezar a salir de la terrible situación en la que se encuentra sumergida.

Hay situaciones en las que, simplemente, hay que actuar pensando que las otras personas tomarán la mejor decisión: si se pierde la esperanza, entonces se pierde todo lo demás.

Lucas se ve abrumado por la situación y se da cuenta de que él también puede poner su granito de arena para ayudar en esa situación tan complicada.

Cosas como esta nos hacen replantearnos todo, nos reconcilian con el ser humano.

Criticamos muchísimo las otras culturas que intentan mezclarse con nosotrxs, pero actos como este nos demuestran que la bondad es transversal a todos los seres humanos. Juzgar menos y ayudarnos más es la principal lección que podemos extraer de aquí.

Dar cuando nos sobra no es malo y es difícilmente criticable. Pero dar cuando nos falta sí es un verdadero acto de altruismo.

Es verdad que es un pequeño gesto, pero su significancia en lo que se refiere a nuestra solidaridad como sociedad es altísima. Una prueba más de que las lecciones pueden venir de los lugares más inesperados.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta emocionante historia? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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