Melissa Brunning es una chica normal que hace cosas de persona normal durante sus vacaciones, es decir: cuando visita algún sitio, se hace fotos y las sube a sus redes sociales. Nada a lo que no estemos acostumbrados, ¿no?

Recientemente, estuvo en las costas australianas que inmortalizó con fotografías preciosas de parajes naturales y animales peculiares (porque en Oceanía todos los animales parecen Pokémons).




  

Sin embargo, no todo fueron momentos hermosos y bellos, sino que también tuvo una experiencia que, literalmente, la marcó de por vida.




El suceso se produjo cuando ella y sus amigos estaban sentados en la parte trasera habilitada de un bote, dando de comer trozos de pescado a un grupo de “pequeños” tiburones nodriza leonados. Entendemos que son pequeños respecto a otros tiburones, porque la verdad es que una criatura marina de aproximadamente un metro y medio de longitud no nos parece que concuerde con el adjetivo “pequeño”.

Cuando le tocó el turno a Melissa, ella alargó su mano y un tiburón que estaba nadando al lado se giró lentamente y, finalmente, decidió coger un bocado sin importarle (obviamente) si cogía pescado o dedo.

Esta especie de tiburones es una de las más “amigables”, al menos en lo que a tiburones se refiere. De todos modos, siguen siendo animales peligrosos con una amenazante hilera de dientes afilados a más no poder.

Es por eso que Brunning fue bastante temeraria al escoger darles la comida directamente de su mano, en vez de tirársela de lejos como cuando los ancianos dan de comer a las palomas en la plaza.




Según ella, tuvo la sensación de que uno de sus dedos era succionado por una aspiradora llena de dientes y que notaba como si se le estuviese quedando en el hueso. Curiosamente, lo recuerda con una sonrisa y de forma simpática.

“Ni siquiera podía mirarme el dedo. Pensaba que lo había perdido”.

Como podréis ver en el vídeo que os mostraremos a continuación, Melissa pegó un grito sonoro y, prácticamente, cayó al agua, aunque sus amigos rápidamente la socorrieron.

Por suerte, el tiburón soltó su dedo en cuestión de un segundo y, pese al miedo que pasó la joven, el dedo estaba en su sitio y no se lo había comido el tiburón.





Así que Melissa siguió sus vacaciones con toda normalidad, pensando que las heridas que tenía se curarían por sí solas. Cuando volvió a casa y fue al médico, su doctor le reveló que en realidad tenía una infección grave, parte del músculo desgarrado y el hueso roto. Casi nada.

Sin embargo, lo que más sorprendió a la chica no fueron sus heridas, sino la forma en la que los medios abordaron su noticia, siendo especialmente dramáticos (Tiburón colosal muerde el dedo de una mujer y la arrastra al agua, pero, milagrosamente, sobrevive).

En cambio, Brunning nunca ha intentado culpar a los tiburones, más bien al contrario, reconoce que el fallo fue suyo al darle de comer de forma tan temeraria.

Sin embargo, de alguna manera, ella no se arrepiente de nada, ya que se lleva consigo una buena anécdota, unas vacaciones inolvidables y una cicatriz bastante molona. Y la verdad es que comprendemos su posición, aunque no nos parece demasiado buena idea fomentar la temeridad frente a animales salvajes porque puede que en nada veamos algún turista queriendo dar un ovillo de lana a un tigre.

A continuación os dejamos el vídeo donde se ve lo ocurrido (apto para los más aprensivos, ya que aunque se ve el momento, no hay nada de sangre):



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