A menudo hablamos sobre cómo, a veces, los padres proyectan sus propias inseguridades en sus hijos y cómo influyen seriamente en la forma de ser de estos. Pero ¿Es posible que un infante herede un trauma de su padre o madre? La respuesta es sí.

Jara Acín y Rivera, psicóloga especializada en trauma por abandono temprano y una de las autoras del libro ¡Ayúdale a despegar! da algunas respuestas sobre este tema y distingue entre dos tipos de trauma.

Por un lado estarían las experiencias aversivas, producidas por un suceso concreto como, por ejemplo, una operación quirúrgica inesperada o un accidente. Aunque también pueden deberse a cosas más pequeñas como estar a punto de morir ahogado con un caramelo. Tal y como dice la psicóloga:

“Un niño muy pequeño, un bebé, podría reaccionar con pánico a cosas que a la mamá le dan pánico sin haber tenido experiencias en ese sentido. Los niños aprenden a tener miedo en función de los modelos que les transmiten los padres. El cerebro emocional de los niños hasta algo más de los tres años es literalmente de las madres. Si tenemos una mamá muy asustada, vamos a construir un cerebro de un niño muy asustado también”.

La misma psicóloga pone un ejemplo en el que una madre con fobia a las motos ve una Harley y, de forma inconsciente, le aprieta la mano con fuerza y tensión a su hija. De esa forma, la niña pasa a sentirse insegura y “heredar” ese miedo de su madre.

En cambio, por el otro lado están los traumas relacionales. La doctora define este tipo de afección psicológica de la siguiente manera:

“Un trauma relacional, de apego, aparece en nuestras relaciones respecto a nuestras figuras de apego principales; cuando de aquellos de los que esperamos cuidados, que tienen que ocuparse de nuestro desarrollo, recibimos negligencia, abandono o violencia de cualquier tipo”.

Esas, obviamente, son transmisibles y, de hecho, cualquier persona que haya trabajado en un colegio os lo podrá confirmar. A menudo vemos como, en los domicilios familiares donde hay maltratos, los niños crecen aceptando ese grado de violencia y suelen hacer lo mismo en el colegio.

La única forma de solucionar eso y hacer que nuestro cerebro cambie la forma que tiene de afrontar nuestras relaciones afectivas es mediante el tratamiento psicológico y trabajando esas carencias y esos problemas de formas consciente.

“Cuando uno tiene unas bases de apego bien formadas,  contando que todos somos familias imperfectas, tiene herramientas que le permiten manejar el trauma pequeño. Si no tiene un sistema bien configurado de apoyo, de contención, de regulación…  no tiene herramientas para poder afrontar lo que le viene”.

Pero cada caso es distinto, por eso hay que tratar cada situación de forma diferente en función del trauma. Obviamente, un padre o una madre pueden tener miedo a los perros y reaccionar en consecuencia, pero hay que intentar no dejar que esa actitud se transforme en algo que provoque una actitud disfuncional en el pequeño, sino hacerle entender al niño que, efectivamente, ha sucedido algo “negativo”, pero eso no significa que el mundo haya dejado de ser un lugar “seguro”.

“La pérdida mayor que uno tiene cuando surge un trauma de cualquier tipo es la pérdida de la creencia de que las cosas van a ir bien, de que el mundo es un lugar seguro aunque pueda pasar alguna cosa mala circunstancialmente”.

 

En resumen, los traumas pueden transferirse y, precisamente por eso y aunque parezca contradictorio, debemos afrontarlos y tratarlos junto a los infantes para que entiendan el miedo como algo que forma parte de la vida y no como algo que no les permita avanzar.

¿Tenéis algún trauma? ¿Creéis que, en caso de tener hijos, se lo habéis podido transmitir? Explicádnoslo en los comentarios. 

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