La escuela secundaria puede ser un lugar bastante sombrío si no eres uno de los niños más populares del recreo. Para aquellos que son acosados ​​diariamente, las clases pueden convertirse en un infierno perpetuo a cada nuevo día ya que, más que clases, son torturas.

El alivio solo llega una vez que logras escapar al gran mundo, donde te das cuenta rápidamente de que nada es diferente. Los acosadores siempre existirán donde quiera que vayas, pero hay una cosa que cambia de forma radical: nuestra forma de controlarlo y percibirlo.

Nuestra protagonista de hoy, Louisa Manning, es una prueba viviente de ello. Esta chica británica se vengó del que, a lo largo de sus años de escuela, fue el matón que le hizo la vida imposible… eso sí, ocho años después de graduarse.

Ocho años pueden parecer un tiempo excesivamente largo ¿no? Pero, como bien ya sabréis, la venganza es un plato que se sirve frío y nuestra amiga y vecina Louisa sabe muy bien como prepararlo.

Luoisa, por lo que se ve, fue el blanco de muchas burlas en su escuela porque, al parecer, era ‘uniceja’ y tenía algo más de peso que el niño promedio de su centro. Esto, como es más habitual de lo que debería ser, llamó la atención del matón de su escuela… pero la cosa iba a cambiar.

Ocho años después de graduarse, Louisa ‘se topó’ con su matón, que ya era adulto. Por supuesto, había motivos para que Louisa se preocupara, la había atormentado durante una gran parte de sus años más vulnerables. Sin embargo, su reunión no incluyó ningún insulto, en cambio, el tipo hizo algo más, algo aún más impensable.

Él le pidió una cita.

Sí, lo habéis leído bien. El mismo hombre que le hizo la vida imposible en la escuela y que tantos problemas le causó, ahora se sentía atraído por el físico que lucía Louise, quien había ‘cambiado bastante’ a lo largo de todos esos años.

Louisa aceptó, pero lo hizo con el pleno conocimiento de que nunca tendría una cita con él. En cambio, tenía un plan bajo la manga, uno que sabía que lo haría pagar por el trauma que le infligió hace tantos años…

Ella fue al restaurante que el chico había elegido para su cita, excepto que fue varias horas antes de la reunión prevista para poder darle al camarero un sobre rosa que contenía una rebanada explosiva de karma.

Dentro del sobre había una fotografía de Louisa, cuando estaba en la escuela. En la parte de atrás de la fotografía había un mensaje que decía:

«Oye,

Lo siento, no puedo quedar contigo esta noche.

¿Recuerdas en primaria, cuando estaba gorda y te burlabas de mi peso? ¿No? Pasé los siguientes tres años comiendo menos de una manzana al día. Así que decidí saltarme la cena.

¿Recuerdas la ‘uniceja’ de la que te burlabas? ¿Las piernas peludas que tanto asco te dieron? ¿Recuerdas que todos los días durante tres años tú y tus amigos me llamasteis ‘la Mujer Bestia’? No, tal vez no, o no habrías visto cómo me veo ocho años después y ahora sí me consideras ‘lo suficiente’ para tratarme como un ser humano. 

Pensé en enviarte esto como un recordatorio. La próxima vez que pienses en mí, imagina a la chica en estas fotos, porque ella es la única que te puso en tu sitio».

Guau.

Pero faltaba que él respondiese:

«Oye. Por lo que a mí respecta, quedamos para hacer amigos, no porque quisiese quedar contigo solo por tu físico. Supongo que yo me lo he buscado, y ciertamente no te culpo por defenderte.

«No puedo cambiar quién era hace ocho años y no insultaré tu inteligencia fingiendo que no sucedió, pero espero que me creas cuando digo que ahora soy una persona completamente diferente. Solo puedo disculparme y desearos lo mejor.

Supongo que no volveré a saber de ti, pero lo digo en serio cuando digo que espero que tengas todo el éxito que mereces».

De esta forma, Louise tuvo, al fin, la disculpa que se merecía.

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