En Pesadilla en la cocina se ha visto de todo, desde cocinas que parecen corrales a camareros que llevan más fiesta encima que Pocholo y Maradona en un mano a mano. Pero, por lo menos en lo que al trato con los clientes se refiere, se suelen mantener unos mínimos, es decir, se les pide perdón, se les invita a la comida si tardan demasiado, etc.

Pero el último capítulo del programa presentado por Alberto Chicote nos tenía preparado algo distinto.

De entrada, la situación era parecida a la que se ha podido encontrar en otros establecimientos que han pasado por el programa. La Casuca es restaurante ubicado en Móstoles gestionado por una familia dividida, de hecho, el dueño del local y padre/suegro de los que lo gestionan actualmente, dijo lo siguiente al respecto:

“Hay que gente que pone el negocio para no tener clientela. Ese es el caso de mi hija y su marido. ¿Has visto algún sitio donde los clientes lleguen a comer a las diez y los camareros, a las doce?”.

Pero, por grave que le pueda parecer a alguien, la realidad es que esta situación es comparable a la vivida en cualquier capítulo de Pesadilla en la cocina. De hecho, tenía la típica carta con platos de mala calidad: unos medallones de carne que saben a pescado; un trozo de plástico en la comida; un steak tartar que parecía una hamburguesa masticada, etc.

Aunque, obviamente, el cocinero no tuvo ningún problema en defender verbalmente su plato.

Chicote: “Yo un tartar así que tiene textura de un paté de cerdo, no me lo como”.



Responsable del local: “El tartar está perfecto. Por ahí, no trago ¿Cómo le vas a consentir a un notas que venga a tu casa a decirte eso? Eso no se lo consiento a nadie. No te vas, yo te levanto”.

Pero tampoco es la primera vez que los propietarios o trabajadores del restaurante se encaran con Chicote. De hecho, es hasta comprensible, sobre todo porque él critica su trabajo, con lo cual es normal que (esté mejor o peor hecho) reaccionen a la defensiva.

Sin embargo, lo que fue realmente sorprende fue que, en un momento dado, un cliente se quejó por llevar mucho tiempo esperando y el jefe del local, con muy poca mano izquierda, le dijo:

“Si usted no quiere seguir esperando, lo mejor que puede hacer es marcharse de mi casa”.

Como siempre, Chicote intenta sacar adelante el restaurante, pero se encontró con un grupo de trabajadores que, cada vez que un cliente les decía algo, respondían de forma brusca y maleducada en vez de pedir disculpas e intentar ayudarle. De hecho, una de las empleadas dijo que prefería hacer ver que no se enteraba de nada a decirle la verdad a los clientes.

Finalmente, y tras ver como el personal humillaba a los clientes una y otra vez, Chicote no pudo más y, en uno de los casos en que la joven que gestiona La Casuca trató de forma incorrecta un comensal, Alberto le espetó:

“Lo que acabas de hacer es de puta vergüenza. ¿Por qué tengo yo que aguantar que me vaciles?”.

La Casuca se convierte en uno de esos establecimientos que, pese a la ayuda del programa, tiene toda la pinta que, debido a sus malas praxis, terminará teniendo que cerrar, aunque, obviamente, esperamos equivocarnos.

A continuación, os dejamos el vídeo con algunos de los mejores momentos.

A vosotrxs, ¿Qué os parece la actitud de este restaurante? ¿Es Chicote demasiado pesado? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 



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