El tema de los muñecos diabólicos es bastante recurrente en las películas de terror ya que, obviamente, un juguete cobrando vida es algo que acojona bastante, recordad sino las parte de los muñecos mutilados de Toy Story.

A continuación, os relataremos algunas historias de terror en primera persona que giran alrededor de uno de los juguetes más tenebrosos de la historia. Los furbies.

«Habíamos terminado la clase de catequesis y decidimos colarnos en un despacho que tenía el cura. En un momento dado, abrimos uno de los cajones de su mesa y vimos un furby que nos miró pestañeando. Salimos todos del despacho gritando como locos. Cuando el curo nos preguntó qué habíamos hecho no nos atrevimos a decirle nada sobre el furby».

«En casa, nuestro gato siempre «jugaba» con el furby y le atacaba como si estuviese vivo. Fue terrorífico cuando, al cabo de unos cuantos años, volvimos del veterinario donde habíamos tenido que eutanasiar a nuestro felino y el furby empezó a cantar».

«Este año, nuestro hijo pequeño se abrazaba a un furby para poder descansar, viendo que se hacía mayor, mi pareja y yo decidimos quitárselo para acostumbrarlo a dormir solo.

Esa noche no pudimos dormir porque nuestro hijo y el furby empezaron a llorar al mismo tiempo».





«Siempre dejaba mi furby en una estantería que estaba justo debajo de una ventana. Un día encontré al muñeco girado hacia fuera y hablando y, cuando miré, me di cuenta que en otra ventana del vecindario había otro furby mirando hacia mi habitación».

«Cuando yo era pequeña, mi abuela estaba enferma y vivía con nosotros en casa. Siempre solía hablar con el furby y jugar con él como si estuviese vivo.

Toda mi familia tuvo en sentimiento raro cuando, justo después de que falleciese mi abuela, el furby dejó de funcionar».

«Cuando era pequeño me regalaron un furby. Al principio jugaba mucho con él pero poco a poco me fui cansando y guardé el juguete al fondo de un cubo donde había varios peluches.

Una noche escuché una voz aguda que hablaba y tardé dos horas en darme cuenta de que se trataba del furby. Fue la peor noche de mi vida».

«Tanto yo como mi hermana teníamos un furby, el suyo era gris y el mío rosa. Un día estuve buscando el mío sin éxito hasta que finalmente, lo encontré en el armario de mi hermana junto a el suyo.

A día de hoy, todos los miembros de mi familia aseguran que ellos no lo movieron de sitio».

«Me encantaba mi furby. Solía pensar que estaba vivo, con lo cual me dio mucho pena cuando un día se estropeó y, en vez de tirarlo, lo guarde en el fondo del armario. Pero pasé de la pena al terror cuando, cinco años más tarde, en una mudanza, me lo encontré pestañeando».

«Cuando era más joven me regalaron un perro que, al crecer, se obsesionó con un furby hasta que un día lo destrozó por completo así que lo tiramos a la basura. Pese a estar completamente roto, a media noche el furby empezó a hablar. Nunca en mi vida he pasado tanto miedo».



«Estaba jugando con la Game Boy y me quedé sin pilas, con lo cual use las del furby. El canguelo que me pilló fue máximo cuando, mientras estaba haciendo una partida al Mario, el muñeco comenzó a hablar un extraño idioma».

A vosotrxs, ¿qué os han parecido estos particulares postres? dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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