Muchxs somos fans de series como Caso Abierto o la primera temporada de True Detective. Producciones que tratan sobre casos que no fueron resueltos hasta que un día, hay algo que hace que se reabra.

Eso es lo que había con un caso que ocurrió en el estado de Washington, Estados Unidos. Hace 32 años, una menor llamada Michella Welch que fue asesinada en marzo de 1986 cuando solo tenía 12 años.

Los agentes lo lograron resolver el crimen en su momento, pero, tres décadas más tarde, se ha podido esclarecer lo que sucedió en un parque de la ciudad de Tacoma.

Cuando Michella desapareció, en teoría estaba cuidando de sus dos hermanas menores en el parque anteriormente citado. Pero, en un momento dado, tuvo que irse en bicicleta para conseguir unos sándwiches.

Se cree que, desafortunadamente, precisamente cuando Michella regresó, sus dos hermanas estaban en el servicio de un negocio cercano al parque, así que se especula que intentó encontrarlas.

A partir de aquí se perdió su pista. Se encontraron la bicicleta y los sándwiches al lado de una mesa del parque y un perro policía descubrió el cadáver de la joven en un barranco.

Tristemente, la autopsia sirvió para ver que Michella había sido violada y asesinada de forma muy violenta.

Pese a que las autoridades locales estuvieron rápidas para coger algo de ADN de la escena (una cucharada o dos), no se pudo dar con un sospechoso debido a distintas dificultades que se produjeron durante el proceso de investigación, con lo cual el caso fue archivado sin llegar a una conclusión.

Con el paso de los años se realizaron muchos avances tecnológicos y, en 2006, se pudo reconstruir una huella gracias a ese ADN del que hablábamos antes. Pero, pese a ese descubrimiento, no se pudieron vincular esas huellas con ningún individuo. Al menos de momento.

Los años se siguieron sucediendo uno tras otro y, ahora, en 2018 se ha logrado cerrar el caso mediante una nueva técnica conocida como la genealogía genética.

Lo que hace esta tecnología es recurrir a los archivos genealógicos para conocer su ascendencia. De esa forma el ADN encontrado en el lugar del crimen dio como posibles sospechosos a dos hermanos que podrían haber sido los asesinos tanto por el lugar de residencia en ese momento como por la edad que tenían.

Fue entonces cuando la policía del estado de Washington empezó a verificar sus perfiles genéticos hasta quedarse con un único nombre: Gary Hartman. Un agente logró conseguir su ADN de una servilleta para compararlo con el que se obtuvo en el sitio donde encontraron a Michela y, tras ver que coincidían, detener al hombre de 66 años.

De esta forma, 32 años más tarde, se ha hecho justicia. Muchxs dirán que, con esa edad, el asesino ya ha vivido su vida y que no es castigo suficiente, pero la realidad es que, por lo menos, se está avanzando para que acciones como estas no queden impunes.

¿Qué opináis de este caso digno de un capítulo de CSI? Dadnos vuestra opinión en los comentarios de Facebook. 

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