El deporte, aparte de gritos, pitidos y alcohol, también nos suele regalar escenas de lo más humanas y bonitas. La vida de las personas, tanto de los futbolistas como de los aficionados, transciende el campo y los 90 minutos que dura el partido. Hoy os queremos compartir una de estas historias que van más allá del ‘gol’.

Todo empezó cuando la familia Martínez-Raschiotto planeó un estupendo viaje para ir a ver el Mundial de Rusia en directo y apoyar así a la selección de su país, la mexicana. Todo habría sido perfecto si no hubiese sido por una fatal desgracia: Veronica y sus dos hijos fallecieron en un fatal accidente automovilístico, dejando sumido a Gilberto, el padre, en la más profunda tristeza.

Él, mexicano de nacimiento, se había casado con ella, argentina, en 2004 y habían conseguido formar una preciosa familia. Tenían los pasajes de habían, los hoteles y los pases a los estados reservados. Solo faltaba esperar a que llegase el día.

La desgracia llegó el pasado 28 de abril cuando Verónica, acompañada de sus dos hijos, conducía por una autopista en Florida y un segundo vehículo los impactó, matándolos al instante.

Gilberto no sabía cómo afrontar la situación. Era un momento impresionantemente doloroso y, para no sucumbir a la tristeza, buscó de forma urgente ayuda profesional, ya que la depresión se estaba apoderando de él.

Uno de los factores clave en esta historia fue el guardameta de la selección mexicana, Guillermo Ochoa, quien conocía de forma previa a Gilberto. Ochoa le mandó un mensaje de ánimo:

“Tu hijo va a ser un ángel que me ayude a volar”

Esto hizo que Gilberto abriese los ojos y se diese cuenta de que tenía que hacer lo que tenía pensado desde un principio: tirar pa’lante e ir al Mundial de la misma forma que había pensado hacerlo con su familia.

Cambió todos los datos correspondientes para poder ir con dos amigos que le sirviesen de apoyo y no se lo volvió a pensar: esta sería la reconciliación con su familia. Eso sí, se llevaría varios recuerdos de ellos para tenerlos muy presentes.

Se llevó camisetas con sus nombres, para él y para sus dos acompañantes y explicó su objetivo con todo esto:

“Para cerrar el único tema pendiente en una familia hermosa. Cumplir el sueño de los cuatro y el de mi hijo, Diego, que iba a estar en su primer Mundial y en el sexto mío”.

El día en que México ganó a Alemania, Gilberto tenía muchas ganas de estar contento, pero es que claro, ese mismo día se celebraba el Día del Padre en México:

“El partido de México fue terrible. Día del Padre. Era muy difícil. Era el momento de llegar, de vivirlo, de pensar en ellos. Hubo momentos muy fuertes, el momento del gol, el himno, cuando termina el partido. Drené mucho y saqué mucho. Este es un viaje que cada momento tiene un recuerdo”.

También acudió a los estadios con los Fans ID de su familia y que así, de alguna forma, ellos también estuviesen en el partido.

Cuando su selección marcó ese día, Gilberto compartió el vídeo en su perfil de Facebook con la frase:

“El momento cumbre del día, cuando llegaron las lágrimas, el explotar, el ser feliz, el de recordar, el de imaginarlos cerca de mí, en el momento que el cielo vibró por los gritos de mi Diegui, algo que nunca olvidaré, todo lo que se liberó en ese momento único y el momento en que mi Diego festejo conmigo. LOS AMO”.

El día de la victoria de la selección contra Alemania, Ochoa le envió un mensaje a Gilberto: “Esto fue por tu familia”. Gilberto estaba feliz y triste a la vez, pero estaba en el camino correcto. Su viaje sigue y, de alguna forma, también el de su familia que ya no está.

A vosotrxs, ¿qué os parece esta historia? dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

Si os ha gustado este artículo, podéis echar un vistazo más abajo y disfrutar de otros que, con casi total seguridad, os resultarán igualmente entretenidos… o eso esperamos.