Los realities están muy de moda y los hay (y ha habido) de todos los tipos y colores. Los hay que tratan sobre el “amor”, algunos sobre la música, otros simplemente buscan los conflictos, etc. Y, si creéis que no es para tanto, pensad en algunos ejemplos: Mujeres, hombres y viceversa, Maestros de la costura, La voz, Supervivientes, Alaska y Mario, Perdidos en la tribu, etc. La lista es infinita y parece que, lo único que queda por hacer, es un programa sobre la cría de caracoles en cautividad.

Dentro de todo este batiburrillo de programas, hay algunos que destacan por encima del resto como Operación Triunfo (por lo menos este último año) o Gran Hermano. Pero sin duda, uno de los géneros que mejor funciona es el de la cocina.

 No es casual que la mayoría de concursos culinarios estén triunfando, desde a Pesadilla en la cocina hasta Top Chef, ambos con Alberto Chicote como protagonista. Sin embargo, el chef de batas coloridas no participa del tercer pilar de este tridente culinario, el programa de televisión española, Masterchef.

A menudo, este concurso ha destacado por el nivel de exigencia y crítica de un jurado que, pese a que siempre se presta a ayudar, no pierde la oportunidad de cantarles las cuarenta y decirles las cosas claras a aquellos concursantes que, a través de sus platos, demuestran inseguridad.

Hay distintas pruebas y competiciones cada semana que retan a los concursantes a superarse, todo esto mientras el jurado juega con la tensión que hay entre los participantes. Precisamente por esto, para ganar Masterchef, no solo se necesita un gran dominio de la cocina, fogones y cuchillos, sino que se requiere de mucha fuerza mental que te permita aguantar la presión cuando llegue el momento dado.

Recientemente, uno de los concursantes de la edición actual, Víctor, ha vivido uno de esos momentos en que notas que el mundo se te viene encima. El pobre se ha convertido en una especie de Luis Cepeda (de Operación Triunfo) ya que lleva todas las semanas pasando por la prueba de eliminación.

El apodado como “El alcalde” pasó una noche muy dura que, finalmente, hizo que se derrumbase liberando toda esa tensión a base de llanto y sinceridad mientras decía: “Yo lo he dejado todo por ser cocinero”.



«Víctor, a veces hay que parar y esa presión que te autoimpones fuera. Fuera presión, pasarlo bien y sacar lo mejor que uno tiene dentro». Le dijo Jordi Cruz animándole al ver lo “frágil” que estaba. Incluso Samantha, que a veces parece de hielo, se emocionó por la situación, de hecho, le preguntó si se encontraba bien, a lo que Víctor respondió “Sí, me he mareado un poco por la tensión. Es que para mí esto es mi vida«.

Finalmente, el concursante logró superar esta prueba y su compañero Jon fue el expulsado que tuvo que abandonar el programa. Así que, el alcalde, consiguió seguir en el concurso.

Aunque, como hemos dicho, cada semana ha tenido que someterse a la prueba de eliminación, la verdad es que Víctor es uno de los aspirantes a ganar el programa que destaca por sus cualidades  y virtud culinaria.

Solo tiene un único problema, el individualismo. Al alcalde le cuesta mucho trabajar con sus compañeros y, de hecho, el equipo en el que ha estado siempre ha perdido la prueba grupal.

Esperamos que Víctor haga caso al jurado y aprenda a disfrutar más de lo que le queda de experiencia ya que el final está realmente cerca.

A continuación, os dejamos el vídeo en el que el cocinero se muestra desconsolado.

¿Habéis seguido esta edición de Masterchef? ¿Qué opináis de Víctor? Explicádnoslo en los comentarios de Facebook.

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