Una entrevista de trabajo siempre suele resultar en una experiencia algo rara. Incluso cuando va bien, es muy difícil quitarse esa sensación tan extraña de encima ya que, debido a la tensión, hay una parte de nosotrxs que desearía gritarle al entrevistador: “Por favor, cógeme (no uséis el significado latino de la palabra), sispli plis porfi”.

Pero si, además, hay algo peculiar en el formato de la entrevista, el entrevistador o si nos pasa algo anecdótico, la situación puede escalar hasta niveles rocambolescos.

A continuación veremos tres ejemplos de entrevista que resultan particularmente graciosos y divertidos, aunque luego también repasaremos algunos consejos de expertos para poder afrontar estas situaciones, a veces tan peliagudas, con solvencia y soltura.

Por ejemplo, un joven llamado Christian, quiso probar la teoría de los tres síes (teoría que no aparece por ningún sitio). En principio, si le haces tres preguntas al entrevistador y este responde que sí a todas, hay una probabilidad muy elevada de que quedes contratado. El chico, nada más entrar, preguntó: «¿me puedo sentar aquí?», «¿seguro?», «¿aquí está bien?».

No lo contrataron.

Paula estaba muy nerviosa en su entrevista y, cuando le preguntaron por su barrio favorito de Granado dijo que era el Albaicín, pero matizó que se había degradado mucho. Vio que en el entrevistador ponía caras raras así que, deduciendo que vivía en ese barrio, decidió decir que, de todos modos, le parecía precioso, no como Los Pajaritos.





El entrevistador le cortó un segundo para decirle que ese el barrio donde él reside. Por suerte (y pese a eso), Paula fue contratada.

A Fran le preguntaron, en una entrevista, si sabía inglés, a lo que él respondió “yes”. Pero  la realidad es que todos sus conocimientos se limitaban a esa palabra, con lo cual decidió disimular y hacer ver que le estaban llamando, pero al levantarse se le cayó el móvil y el entrevistador vio que no era verdad. Finalmente abandonó el bar para contestar esa llamada inexistente y se fue a casa sin despedirse.

Como podéis ver, todo el mundo ha tenido entrevistas de trabajo desastrosas, así que no hace falta ponerse tenso porque, a no ser que enseñéis vuestras partes íntimas o meéis en algún sitio inapropiado, es difícil que esa entrevista suponga el fin de vuestra carrera.

De todos modos, a continuación os daremos unos pequeños consejos para que nos os agobiéis tanto cuando estéis delante del entrevistador.

Es muy importante que, ante preguntas raras (que se suelen hacer para medir la improvisación y creatividad), intentéis contestar de forma honesta y usando experiencias personales para responderlas (en caso de que habléis de una vivencia  negativa, intentad comentar lo que habéis aprendido de ella).

Como habéis visto antes, nunca mintáis. Una cosa es adaptar el currículo a cada oferta y otra engañar a las personas, sobre todo porque, tarde o temprano, es algo que jugará en nuestra contra.

Y, en referencia a uno de los problemas principales que todos tenemos en las entrevistas, no es necesario que suframos por estar nervioso. Si el entrevistador ve que nos tiembla un poquito la voz o se fija en algún rastro de este nerviosismo (obviamente, hay que intentar no subirse por las paredes) verá que realmente deseamos ese empleo. Aceptar esa tensión hará que no vaya a mayores y, al mismo tiempo, demostrará, a la empresa contratadora, que el puesto de trabajo nos interesa.

La verdad es que, si os consideráis la persona adecuada para eso, solo tenéis que ser vosotrxs mismxs (con vuestros nervios y todo) y esperar que el entrevistador (o entrevistadora) vea lo mismo que veis vosotrxs.

¿Habéis tenido nunca una entrevista surrealista? Explicadnos vuestra experiencia en los comentarios de Facebook.

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