Somos lo que comemos. Normalmente esta frase se refiere al hecho de que, si comemos mal, nuestra salud estará en peor estado que si lo hacemos bien; si nos zampamos dos kebabs antes de ir a dormir, nos levantaremos sintiéndonos pesados al día siguiente; etc.

Pero, a día de hoy, también hace referencia al tipo de persona que eres ideológicamente hablando: Un vegano define una parte importante de su forma de pensar a través de su propia dieta; a menudo nos imaginamos al típico estadounidense comiendo hamburguesas de alguna franquicia de comida rápida; incluso llegamos a clasificar y etiquetar los países del mundo en función de lo que comen. Es decir, la comida es una parte importante de nuestra identidad.

Muchos son los expertos y profesionales que aseguran que es imposible separar la alimentación del mundo profesional, de ahí la clásica imagen de una persona llorando mientras come helado después de una ruptura. Es por eso que, en función de la dieta que uno está haciendo, puede deducirse si estás sufriendo algún tipo de trastorno en la comida derivado de un problema de ansiedad u otros.

Comer rápido y, a veces, de pie

Si eres una persona que se excede en el picoteo y come de forma ordenada significa que tu mente intenta despejarse con una actividad placentera. Ten cuidado porque, a la larga, puede suponerte problemas de indigestión o gastritis.

Comer sin masticar y sin saborear

Este es el trastorno más habitual y se debe a que la gente, debido a sentimientos muy variados como el placer, la culpa, el estrés, la ansiedad y la soledad. Para sustituir esos problemas y esas necesidades emocionales el cuerpo y el cerebro recurren a la ingesta excesiva de alimentos, aunque después suele haber una sensación de arrepentimiento.

Aparte de los trastornos emocionales que cada uno tenga, este tipo de conducta puede terminar favoreciendo el desarrollo de distintos  problemas de peso o, incluso, la diabetes.

Comer sin ganas y sin que resulte “placentero”

No pretendemos alarmaros, pero estos síntomas pueden ser parte de un cuadro más grave, como es el de la bulimia, por ejemplo. Sobre todo se da entre los adolescentes y las mujeres y suele significar que esa persona necesita llenar un vacío emocional o librarse de un problema interno.

Como hemos dicho, esta conducta es preocupante porque, además, esta manera de comer puede hacer que, debido a la falta de nutrientes, nuestras conexiones neuronales se vean afectadas negativamente.

Dejar de comer

Puede que, si estás comiendo excesivamente poco, se deba a que, recientemente, has pasado por alguna experiencia particularmente difícil y dura, de hecho, no comer puede ser un síntoma de depresión.

Obviamente, no hace falta que digamos que el hecho de no nutrirnos puede desembocar en problemas de salud y en un claro deterioro físico.



A continuación, aunque todos estos problemas psicológicos necesitan del apoyo de un profesional para solucionarlos, os recomendaremos algunos alimentos que son realmente útiles para combatir la ansiedad y el estrés.

Por ejemplo, comiendo naranjas lograremos, gracias a la vitamina C, estimular el sistema inmunológico, cosa que hará que reduzcamos el estrés. En cambio, los espárragos contienen vitamina B que ayudan a nuestro cerebro a mantener el bienestar mental.

Hincharse a chocolate no es bueno, pero tomar un poco durante el día hace que, gracias a los antioxidantes que contiene, nuestro estado anímico se vea beneficiado. Y si lo acompañamos de un yogur natural será perfecto ya que ayudaremos a la generación de serotonina.

¿Tenéis unos buenos hábitos alimenticios? Explicádnoslo en los comentarios de Facebook.

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