Cada vez son más las voces que se levantan en contra del uso de tampones en las mujeres. Esto, lejos de ser una crítica vacía y sin fundamento, está respaldado por más de un caso documentado en el que una persona sufrió una fuerte infección a raíz de utilizar un tampón llegando, en los mejores casos, a perder alguna extremidad y en los peores… pues ya os lo imagináis.

Los tampones se utilizan de forma muy habitual en el mundo femenino y es una de las alternativas más comunes a la hora de ‘sobrellevar’ la menstruación. En épocas como el verano, su uso se incrementa, ya que es una de las ‘mejores alternativas’ para ir en bikini durante ‘esos días’.

Pero… ¿es oro todo lo que reluce? Para responder a esto, lo primero que haremos es recordar el caso de la modelo Laure Wasser, de quien os hablamos hace unos meses y cuyo caso conmocionó al mundo. De un día para otro y a raíz de una infección derivada del uso de un tampón, Laure perdió ambas piernas.

Lo que le ocurrió a esta desafortunada joven fue el llamado Síndrome del Shock Tóxico (SST) y fue provocado por un tampón infectado de bacterias de las que, más adelante, os hablaremos en detalle.

Concretamente, hay dos tipos de bacterias que pueden causar este shock y que son bastante más comunes de lo que podría parecer en un primer momento. El Staphylococcus aureus y el Streptococcus pyogenes están presentes, de forma casi constante, en nuestro cuerpo.

El problema viene cuando, por algún motivo concreto, aumenta la cantidad de esta bacteria hasta el punto de que se desencadena el shock tóxico anteriormente mencionado. Como nuestro cuerpo es inteligente, genera defensas en contra de estas bacterias… pero si son muchas y nuestro organismo no se defiende ‘correctamente’, habremos incubado un cocktail mortal en nuestro interior.



¿Cuál es el problema con los tampones?

La cuestión es que el tampón, al ser tan absorbente, retiene unas grandes cantidades de oxigeno que, como en todas las bacterias, sirven de caldo de cultivo perfecto para estas. Los componentes químicos que tienen estos productos, además, pueden alterar el pH vaginal hasta el punto de fomentar que las bacterias sean suficientes como para provocarnos una infección.

La clave está en, si decidimos utilizar tampones, seguir una serie de normas a rajatabla de tal forma que minimicemos las posibilidades de contraer una infección.

Recomendaciones:

Utiliza tampones que se adecuen a tu flujo menstrual. No lleves tamaños por encima de los que necesitas, ya que, a más espacio, más oxigeno y, por lo tanto, más posibilidades de favorecer el desarrollo de alguna bacteria.

No te pases de las ocho horas de uso recomendado y, sobre todo, permanece al menos ocho horas al día sin utilizar ningún tipo de tampón.

Si tienes algún tipo de infección o molestia, lo mejor es que no utilices tampón. Como te indicaremos a continuación, hay alternativas muchísimo más seguras e igual de efectivas.

De entre las alternativas que podríamos mencionar, debemos destacar las compresas. No son lo más cómodo del mundo, pero sí es una de las cosas menos ‘intrusivas’ por las que podemos optar.

Las copas menstruales pueden también resultar una gran opción. Es una de las opciones más ecológicas y económicas, ya que una sola copa, por un valor de unos 30 euros, puede llegarnos a durar 4-5 años.
Las copas tampoco absorben, por lo que eliminamos por completo las infecciones que nos pueden llevar a tener un SST. Eso sí: lavad la copa con regularidad. En este tipo de casos, la higiene lo es todo.

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Fuentes: Ella Hoy, Rolloid.