Parece que entre tanta película sobre el “final” de Jesucristo todos tenemos claro como murió, pero la realidad es que no todo el mundo tiene tan claro como eran las crucifixiones y muchos estudios históricos ponen en duda el pensamiento tradicional de que se realizaba  clavando los pies de la víctima a un poste vertical y las manos a otro horizontal, que a su vez iba adosado al otro, formando así una cruz.

Pero un reciente análisis realizado a un esqueleto de 2.000 años de antigüedad se ha convertido en una prueba de peso sobre como se realizaban esas famosas ejecuciones.

Hasta hace poco solo había una única prueba arqueológica de que existiera este tipo de castigo romano, cuando en 1968 se descubrieron unos huesos con una violencia similar a lo que definimos como crucifixión.

Pero esta nueva prueba ha hecho que se replanteen la idea de que los cristianos eran crucificados, ya que todos los indicios nos hacen pensar que esta era una práctica que solo aplicaban a malhechores y criminales, en vez de usarla para los cristianos.

Pese a eso, los resultados obtenidos por el análisis no son concluyentes ya que, como no tenemos demasiadas pruebas al respecto, resulta muy complicado comparar muestras. Por ejemplo, en este último esqueleto hallado, no se observan heridas en los brazos, aunque los expertos recuerdan que en muchos escritos históricos sobre crucifixiones se habla también de la posibilidad de atar con sogas en lugar de usar clavos.

Además, se ha deducido que el estrato social y origen de la víctima era muy bajo, con lo cual, refuerza la idea que comentábamos anteriormente.



“La tumba irregular, la falta de bienes junto al cuerpo, la baja estatura y signos de tortura sugieren que podría haberse tratado de un prisionero o de un esclavo. Además, el hecho de que su cuerpo se descubrió completamente solo denota que no tenía un fuerte vínculo con la comunidad. Este tipo de ejecución se reservaba generalmente a los malhechores. La marginalización topográfica sugiere que era considerado peligroso por la sociedad en la que vivía y que fue rechazado tras su muerte”.

Este estudio realizado por un investigador sueco llamado Gunnar Samuelsson, especializado en textos antiguos sobre las crucifixiones y prácticas romanas de ejecución, indica que los datos que se tienen son demasiado ambiguos como para afirmar con total seguridad que Cristo murió de esa manera. Sobre todo porque está idea de ejecución proviene de representaciones artísticas y tradiciones posteriores a la Iglesia Cristiana, hechas muchos años después de la muerte de Jesús.

De hecho, ni en los Evangelios se puede encontrar una explicación clara. Y es que la cruz se empezó a usar como un símbolo cristiano en el siglo V, como recordatorio del sacrificio que Jesús hizo por la humanidad. Pero, además, aparte de esas descripciones no muy esclarecedoras de los Evangelios, no hay otros datos sobre las crucifixiones.

La terminología usada en esos textos tampoco ayuda a resolver este enigma y contribuye a que no podamos estar seguro sobre como se hacían. Se usan verbos que hacen que podamos deducir que había un tipo de tortura por suspensión y algunos nombres que hacen referencia a herramientas y utensilios que se usaban para este tipo de tortura.

En resumen, este estudio nos viene a indicar que no se sabe con precisión como murió Jesucristo y que la sobreinterpretación y la creatividad de ciertos autores han podido influir en la historia que, actualmente, todos conocemos.

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