Muchas personas van al médico demasiado a menudo. Todxs tenemos algún amigo o amiga que cada dos por tres se siente enfermo y va al médico para que le haga una revisión, no sin antes haber consultado todas las webs disponibles en la red.

También existe el caso contrario, gente que nunca deja que le visite el médico. Ya puede estar a cuarenta de fiebre que, como no esté a punto de perder una pierna o escupiendo sangre, no se tomará ni una mísera aspirina.

Esta última práctica puede resultar muy peligrosa, debido al mundo virtual, las personas están recurriendo a Internet para saber lo que les pasa sin tener en cuenta que, autodiagnosticarse, puede ser un acto muy temerario. Tanto porque podemos estar tratándonos de problemas que no tenemos como porque podemos estar obviando una enfermedad seria.

Algo así le ocurrió a Kendra Jackson, una mujer de unos 50 años con una salud de hierro que, un día, por infortunios de la vida, sufrió un accidente automovilístico.

Parecía que Kendra no había sufrido daños, pero poco después le apareció lo que parecía ser una nueva alergia, una rinitis que hacía que su nariz gotease constantemente y venía acompañada de un dolor de cabeza realmente terrible, según ella, notaba que no podía oler nada y que la parte posterior de su garganta se sentía algo rara.

Primero no hizo nada para solucionarlo, supuso que sería una nueva alergia, pero, tras bastante tiempo, unos cinco años de sufrimiento, finalmente decidió ir al hospital.

Durante todo ese periodo dormía mal, había probado todos los antihistamínicos habidos y por haber e incluso tuvo que dejar de trabajar. Pero los médicos le decían que se trataba de una alergia ya que el 15% de la población estadounidense sufre de ellas.

Jackson ya no sabía qué hacer, siempre se encontraba mal y no podía vivir su vida con normalidad. Pero, un día que se encontraba muy nerviosa y ansiosa, se dirigió a un hospital-escuela decidida a solucionar su problema.

«No me voy a ir hasta que descubra qué me pasa».

Allí, primero hicieron un diagnóstico parecido al que le habían hechos otros médicos. Pero, al ver que el dolor de cabeza persistía sin importar lo que hiciesen decidieron hacerle más y más pruebas hasta que una doctora descubrió que lo que Kendra tenía eran pérdidas de fluido cerebroespinal. Es decir, le estaba saliendo líquido perteneciente al cerebro por la nariz.

La doctora Christina Barnes conectó el accidente de tráfico con la rinitis y pensó en la posibilidad de que se tratase de ese fluido cerebroespinal. Entonces, otra doctora, Carla Schneider, analizó el líquido que salía de la nariz de Kendra confirmando la hipótesis de Barnes.

Tras saberlo, se sometió a Kendra a una cirugía para cerrar el “hueco” que había en su cabeza y que hacía que constantemente saliese “agua” de sus fosas nasales. La operación fue un éxito y la pobre mujer pudo recuperar una vida normal.

Según los médicos que lograron ayudarla, la mujer llevaba todo este tiempo perdiendo un cuarto de litro de líquido al día, cosa que la estaba exponiendo a un mayor riesgo de infecciones, destacando la meningitis por encima de todas.

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Las filtraciones de este fluido se suelen deber a una lesión en la cabeza o en la columna (como la que seguramente tuvo Kendra debido al accidente de coche), pero también pueden producirse por un tumor, una punción lumbar o incluso por una epidural y, aunque a veces pueden corregirse solas, hay ocasiones en que es necesaria la cirugía que, en este caso, fue realizada a través de la nariz y usando cámaras como apoyo.

¿Habéis ido nunca al médico por una tontería y os han encontrado algo más grave? Explicádnoslo en los comentarios de Facebook.

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