Ir a cenar un viernes por la noche es bastante más complicado de lo que podría parecer en un primer momento. Escoger el restaurante adecuado; pedir platos que no sean demasiado pesados, pero que nos llenen para poder afrontar la fiesta que nos espera; poder encontrar un equilibrio entre calidad y buen precio; somos muchas cosas que debemos tener en cuenta y que incrementa las posibilidades de que todo salga mal.

Pero es que claro, estos son los problemas ‘obvios’ o ‘evidentes’, pero la cosa puede complicarse bastante más de lo esperado hasta puntos que son imposibles de predecir. No estamos exagerando o siendo alarmistas: aquí os traemos la prueba de que, por querer comer algo ‘diferente’, puedes acabar con la boca llena de semen de calamar, por ejemplo.

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La cosa empezó cuando una mujer coreana de 63 años decidió ir a pegarse un banquete en un buen restaurante. Se pidió unos calamares semicrudos que, al parecer, tenían muy buena pinta.

Cuando se dispuso a masticar el primero, afirmó que sintió «un pinchazo, sensación de cuerpo extraño y muchos pequeños organismos retorciéndose en la boca», cosa que le produjo un profundo malestar.

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Lo primero que hizo fue acudir un hospital, donde los médicos la examinaron de forma urgente. La comida cruda (o semincruda) tiene muchos riesgos asociados y la posibilidad de comerse algún tipo de parásito es alta.

Pero lo que los médicos encontraron era increíble: había, en toda la cavidad bucal, unos «pequeños, blancos y con forma de hueso» incrustados en la lengua, cara interna de la mejilla y por varias zonas de ambas mejillas.

Lo primero que se plantearon fue que la mujer se había infectado con parásitos del animal a medio cocinar. Esto era lo más típico y, a pesar de ser desagradable, entraría dentro de lo esperado en un caso así.



Pero, tras analizar bien qué eran esos bichejos que se movían, pudieron identificar una bolsa de esperma y comprobar que los pequeños seres que se movían no eran parásitos, sino espermatozoides de calamar.

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Después de investigar bien el caso, los investigadores llegaron a la conclusión de que la mujer, al masticar el calamar, habría activado la bolsa de espermatozoides que estaba en el interior del animal.

Esto de debió a que la persona que preparó el calamar no retiró todos los órganos internos del mismo y tampoco lo cocinó lo suficiente como para que la bolsa de espermatozoides quedase completamente ‘desactivada’.

Aquí lo curioso es que el sistema de reproducción del calamar es algo complejo. Lo que hace es adherir la bolsa de esperma a la hembra para que el semen se vaya liberando poco a poco… y en este caso, la bolsa se adhirió a la lengua de la mujer y bueno… el resto de la historia ya la conocéis.

Este tipo de casos no suelen ser muy habituales y lo normal es que la bolsa quede inactiva tras la cocción en aguar hirviendo del animal, pero si no quieres llevarte un susto la próxima vez que vayas a comer calamar… cocínalo dos o tres veces, por si las moscas.

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La probabilidad de que esto ocurra es tan baja, que el último caso documentado era del año 2011 y había ocurrido en Japón, donde un señor se llevó ‘gratis’ este ‘rico postre’ y corrió una suerte similar a la de nuestra protagonista de hoy.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta ‘experiencia poco recomendable’? ¿Os lo pensaréis dos veces la próxima vez que vayáis a pedir comida cruda? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: Que, Quo.