La teoría nos dice que las parejas no deberían tener secretos entre ellas, que el matrimonio (y las relaciones en general) debería mantenerse a base de desnudarse física y emocionalmente, a base de ser un libro abierto para el otro.

Y la realidad nos dice que eso no es exactamente verdad, aunque, obviamente hay secretos que uno tiene que mantener cerrados con llave y guardados en el lugar más recóndito del mundo. Sobre todo aquellos que no solo puedan suponer el fin de tu relación, sino que puedan hacer que te veas obligado a encontrar una nueva pareja en la cárcel.

Pero la advertencia importante es la inversa, es decir, cuidado con saber todo de tu pareja. Puede que, al principio, tengas cierta sensación de placer al entrar en su WhatsApp, pero lo que descubras dentro puede cambiar la perspectiva que tengas de él o ella, a veces con acierto, pero, en ciertas ocasiones, puedes cometer un error de interpretación y echar al traste una relación (en teoría sana) por culpa de tus inseguridades.

Sin embargo, el caso que relataremos a continuación narra cómo un hombre de unos 60 años descubrió que su mujer, lejos de ser una santa, era una de esas personas que no conviene tener cerca ya que, como veréis, tenía un alto índice de criminalidad.

El señor en cuestión vivía plácidamente en la región rusa de Omsk (Siberia). Y, como buen ruso, decidió que, en su jardín, iba a plantar unas patatas. Pero cuando fue a preparar la tierra para el cultivo, descubrió varios huesos escondidos en el suelo, entre ellos, lo que parecía ser un cráneo humano.

Alarmado, se lo contó a su mujer para decidir, conjuntamente, que podían hacer con una situación tan peculiar. Lo que no se esperaba es que, cuando lo hizo, esta le respondió, con mucha pachorra, que ya lo sabía y que pertenecían a su primer marido, al que había matado en 1997.



Después de explicárselo todo, su mujer le pidió que enterrara de nuevo los restos y que no dijese nada a la policía. Pero, en ese momento, el hombre ya no sabía qué clase de persona era su mujer y, aterrorizado por lo que podía llegar a hacer, decidió informar a las autoridades del crimen que había cometido su esposa dos décadas antes.

Durante un interrogatorio se descubrieron algunos detalles del incidente y se reveló que, después de que su marido llegase borracho a casa y la golpease y maltratase en repetidas ocasiones, la mujer no pudo más y, en una pelea, lo golpeó con un hacha y lo mató.

Según explica ella, al comprobar que había matado a su marido, despedazó el cadáver, lo quemó y lo enterró fuera de su casa.

A partir de ahí, fingió que su marido se había ido un día a trabajar y que ya no había regresado nunca. Entonces, como la víctima no tenía familia, su desaparición no fue denunciada y ni siquiera se abrió un caso hasta que, recientemente, el nuevo marido encontró los huesos.

Hasta aquí, el caso podría tratarse de uno más de tantas mujeres que se han visto obligadas a defenderse para salvar su vida ante un caso de violencia de género, pero lo más sonado llegó cuando, mientras la policía realizaba parte de la investigación en su vivienda (durante la cual ella deba permanecer en arresto domiciliario) encontraron huesos de personas distintas que, actualmente, están siendo analizados para determinar el alcance de la acusación penal que se realizará sobre la señora.

En cualquier caso, esperamos que la justicia determine la mejor solución y, sobre todo, que el señor que ha encontrado los huesos pueda recuperarse, algún día, del susto (y suponemos que también del disgusto) que se habrá llevado.

¿Qué hubieseis hecho vosotrxs?¿Como hubieseis reaccionado ante una situación como esta? Explicádnoslo en los comentarios de Facebook.

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Fuentes: elpais, cuatro