Estamos viviendo una época tremendamente compleja en lo que a la lucha contra el machismo se refiere. Casos como los de ‘La Manada’ o el de ‘Harvey Weinstein’ han puesto de cabeza a la opinión pública y han levantado las alfombras de una sociedad que, desde hacía un tiempo, vivía ignorando de forma flagrante un problema que era (y sigue siendo) gravísimo.

Pero la sociedad, por lo que parece, ha despertado. Movimientos como los del 8M no hacen más que corroborarlo y resulta esperanzador ver que, la gran mayoría de mujeres, han sido capaces de unirse para luchar por lo que les pertenece.

La situación está cambiando, de eso no hay duda. Solo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para ver que, aunque sea en pequeños detalles, hemos ido dando pasitos.

Pero hoy os traemos un caso que, lastimosamente, nos recuerda algunas de las peores cosas contra las que, como sociedad, estamos combatiendo. Se trata del caso de una niña de 13 años llamada Jana. Ella vive en Mallorca y, como es normal en una niña de su edad, va al colegio cada día.

Jana llegó al centro vistiendo de la misma forma que veis en la foto de arriba. Una camiseta y un pantalón corto que dejaban entrever una franja de su vientre. Lo lamentable de todo esto fueron los comentarios que recibió por parte de sus compañeros del centro, los cuales no dudaron el calificarla de «put***» y «guar**».

Ella, en un infinito acto de madurez e integridad, decidió escribir una carta al llegar a su casa, reflexionando sobre todo lo ocurrido ese día en el centro y sobre como, lejos de ser una situación de bullying, se trataba de un nuevo caso de machismo.





La carta fue publicada por su padre, Miguel Ángel Barrios en su perfil de Facebook y podéis acceder a la publicación original aquí.

Os dejamos la carta íntegra y os aseguramos que, como mínimo, os hará reflexionar:

Carta de Jana

***Hoy he decidido que para ir al instituto me pondría una de mis camisetas favoritas. Una que dejaba un pequeño trozo de mi barriga al descubierto. También me he puesto un pantalón corto. 13 años y los comentarios que he recibido han sido:

– ¿Por qué eres tan guarra?

– ¿No enseñas demasiado?

– En mi opinión no deberías ir así vestida.

– ¿Tu madre sabe que vas así vestida al instituto?

Y, aparte de esto, he tenido que aguantar que en mi silla escriban «PUTILLA».

Repito: hoy día 4 de junio de 2018 y por el hecho de ser mujer y por vestir como a mí me gusta vestir he recibido insultos y he sido tratada de «GUARRA» y de «PUTA».

Todos los comentarios que describo han sido de MUJERES. Me pregunto:

¿No fuimos nosotras las primeras en ponernos un lazo lila el pasado 8 de marzo?

¿No fuimos nosotras las primeras en defender a las mujeres?

¿No somos nosotras las que estamos en contra del machismo y luchamos por la igualdad real?

¿No somos nosotras las que hemos luchado por una sociedad sin ninguna diferencia entre géneros?

El machismo no sólo es que un hombre pegue, viole o maltrate verbalmente a una mujer. El machismo es también recibir insultos por la medida de tu vestimenta y por haber sido juzgada por cuánta carne enseñas en opinión de otras mujeres.



Y sí, sois vosotras los verdugos, las del lazo lila del 8 de marzo, muchas de las que os quedasteis casi sin voz gritando contra el machismo.

La sociedad ni avanza ni retrocede si nos juzgamos entre nosotros y las mujeres nos seguimos tratando de putas por haber estado con más de un chico y callamos que ellos han hecho lo mismo. Para hacer una sociedad igual de verdad, las primeras que tendríamos que defendernos somos nosotras mismas.

Lo he comentado en casa. Estoy muy tranquila porque sé quiénes son mis amigas y quién es la gente que de verdad me quiere. No dejaré de ser quien soy por unas niñas maleducadas y corta de entendederas que sólo saben abrir la boca para meterse conmigo por cómo visto.

Tanto da que me tratéis de golfa, guarra o fresca. Sé quién y cómo soy. Yo os trataría como si fuerais animales por no saber respetar a gente de vuestro mismo sexo. Me dais pena porque para sentiros fuertes tenéis que andar insultando a la gente por su manera de vestir. Y en grupo, claro. Porque sólo en grupo sois fuertes.

Soy tan mujer como vosotras aunque yo tenga las narices de vestir como a mí me gusta vestir. Y el día que vayáis más cortas que de costumbre, no esperéis ningún tipo de insulto de mi parte. Aprended a tratar a la gente por quién y cómo es, nunca por lo que aparentan. Que quien decide enseñar la barriga no siempre busca ligar más y que si alguien opta por enseñar el culo, no implica que quiera que se lo toquen.

He oído miles de veces insultos y tonterías hacia las mujeres por lo largo o corto de sus prendas. Mi ropa es igual de corta que vuestra mentalidad y si aún no aceptáis que las mujeres podemos vestir como nos da la gana, podéis regresar a la edad de piedra de donde parece que habéis salido. Vosotras sois el machismo contra el que luchamos.

Estamos en el siglo XXI y parece que estemos en la prehistoria, tratando a las mujeres como a objetos y todo por algo tan simple y personal como la manera de vestir. No os juzgo por cómo vestís y nunca he hecho comentarios sobre qué y cuánto enseñáis. ¿Sabéis por qué? Porque os respeto como seres humanos y, sobre todo, como mujeres. Porque me han enseñado en casa que nadie es más o menos mujer por ir más o menos tapada. Que nuestra feminidad no depende de nuestra vestimenta; sólo de nuestros sentimientos y no soy ni más ni menos mujer por decíroslo. Para mí, ser mujer pasa por no juzgar a otras mujeres por ser como son.

Todas somos mujeres y todas deberíamos respetarnos.

Vuestras palabras me han hecho reflexionar sobre quién soy como mujer y he pensado también en quién sois vosotras. Como amigas, como personas y, sobre todo, como mujeres. Representáis todo lo que no quiero ser y contra lo que lucho. Ahora, quizás, os toca reflexionar a vosotras.***.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido su reflexión? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook.

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Fuentes: El Mundo, Europa FM.

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