Si hoy en día vamos al bar más cercano y pedimos unas patatas bravas, a no ser que sepamos a ciencia cierta que las que ahí sirven son ‘de calidad’, lo más probable es que nos encontremos con un plato lleno de patatas cortadas en forma de dados con mayonesa y ketchup picante por encima (o alioli, que es peor)… eso, pese a quien le pese, no son bravas y, mucho menos, las bravas O-RI-GI-NA-LES.

Nos hemos acostumbrado a este ‘modelo de bravas’ y nos conformamos con poco. Pero hoy queremos ayudaros a dar un salto cualitativo en vuestra vida y, por ello, os hemos traído la receta original de uno de los platos más típicos de la gastronomía española.

 

Empecemos con los ingredientes que necesitamos para la salsa: 

  • Medio litro de CALDO DE POLLO (habéis leído bien, no estamos locxs).
  • Media cebolla
  • Media cucharada sopera de pimentón dulce y media de pimentón picante.
  • Dos cucharadas soperas de harina.
  • Cuatro más de aceite de oliva del bueno.
  • Un poco de sal.

Lo primero que tenemos que hacer es sacar el cuchillo más afilado que tengamos al fondo de nuestro cajón de cubiertos y cortar la cebolla en juliana. En una sartén pondremos a calentar las cuatro cucharadas de aceite de oliva y sofreiremos la cebolla hasta que esté bien pochada.

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A este mejunje lacrimoso le añadiremos las dos cucharas de pimentón y revolveremos hasta que estas estén completamente disueltas en la mezcla. Nada de grumos, que luego la gente se lleva sorpresas.

Lo siguiente es añadir las dos cucharadas de harina y volveremos a revolver hasta que la mezcla quede uniforme. Llega el momento delicado: añadir el caldo de pollo. Lo primero que os recomendamos es que, previamente, le deis un toque de calor para que se integre mejor con el resto de ingredientes.

Lo añadimos poco a poco mientras vamos revolviendo. De esta forma lo que conseguiremos es reducir al mínimo la posibilidad de que se generen grumos. Debemos comprobar también la sal; si le falta, ya sabemos qué hacer.



Esta mezcla la debemos ir removiendo de forma continuada a lo largo de 10 minutos para que no se pegue y acabe de pillar el espesor que deseamos. Recordad que el fuego siempre debe estar bajo, si no…

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Una vez este en su punto, verteremos toda la mezcla en un recipiente para triturar y, con la ayuda de una termomix, le daremos caña hasta que quede una salsa completamente homogénea. Después la pasaremos por un colador y la dejaremos reposar.

La salsa ya está lista. Podemos relajarnos un poco y disponernos a enfrentar el último tramo y que, por suerte para todxs, es el más sencillo. Pillaremos entre dos y tres patatas, las pelaremos, y las cortaremos en forma de fragmentos más o menos irregulares, siguiendo la clásica forma de patata brava que todxs recordamos.

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En una freidora con aceite abundante, a fuego medio, las sumergiremos y las dejaremos un buen rato hasta que estén bien doradas por fuera y blanditas y cocidas por dentro. Las sacamos del aceite y las colocamos sobre un plato.

Lo mejor ahora es servir la salsa brava un poco caliente sobre las patatas y voilà; ya tienes las mejores patatas bravas que existen sobre la faz de la Tierra y, sobre todo, las más próximas a la receta original.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta receta? ¿Conocéis alguna que se ajuste mejor al palto original? Y, si os atrevéis a intentar esta receta, dejadnos el resultado en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: Cocinero DiarioRecetas de Escándalo.