First Dates nos tiene tremendamente acostumbrados a sorprendernos con programas de lo más alocados. En lo que a originalidad se refiere, no hay quien gane a este formato, la verdad. Son muchos los casos que os hemos traído a esta página, pero, el de hoy, nos ha dejado por completo sin palabras… no literalmente, porque en ese caso, no estaríamos escribiendo este artículo, pero vamos, que sí que nos ha dejado alucinados.

Todo empezó cuando Sara, una exestudiante bastante cañera de 23 años, llegó a buscar a su ‘media naranja’ al programa presentado por Carlos Sobera. Ella no esperaba nada fuera de lo común más allá de una cita tranquila y algo monótona, pero lo que tuvo al final… mejor lo veis.

Su cita entró al restaurante y, cuando sus miradas se cruzaron… ella no podía creerse lo que estaba viendo. El chico había acudido al encuentro disfrazado de oso gigante bajo el pseudónimo de Osito Perreo. Esta alocada ‘bestia’ era el alter ego de Raúl, un empresario de Cáceres de 24 años de edad.

Se pusieron a bailar reggaeton como si no hubiese un mañana y, como podía apreciarse de forma bastante evidente, la conexión que se generó a raíz de esto fue bastante importante.

Ella tenía que escoger si quería conocer o no al individuo que se ocultaba debajo del disfraz y, después de este buen inicio… la cosa estaba bastante clara. Tanta pasión y perreo habían causado una muy buena impresión, por lo que los camareros ya podían ir montando la mesa.

Sara, al descubrir la verdadera identidad del Osito Perreo, se quedó sorprendidísima: Raúl era un hombre bastante atractivo, formal y encantador. Debajo de ese oso gigante podía haber cualquier tipo de loco, pero la verdad era mucho más gratificante.

Él mismo confesaba: «Le gusto más a las chicas cuando voy sin el traje». Cuando le preguntó a ella qué le parecía su ‘presentación’, ella confesó: «Sabía que me tenía que tocar alguien así».





Raúl, contento con la reacción de la joven, revelaba todas sus cartas: «Siempre hago ese tipo de locuras, una vez me puse con un cartel que ponía ‘regalo abrazos’ con mis amigos y acabamos siendo virales».

La cena fue estupendamente y las conversaciones que iban manteniendo eran la prueba de ello. Una de sus grandes coincidencias fue la pasión que ambos sentían por los viajes. Para ella, que su pareja fuese así de aventurera, era todo un milagro: «Cuando he tenido pareja nunca se han apuntado a nada y siempre he tenido que ir sola».

La cosa apuntaba muy bien… pero el frío hizo acto de presencia y la llama se fue apagando. Ella entró en lo que podríamos denominar como un ‘bajón importante’ y Raúl se dio cuenta: «Creo que no ha acabado de cuajar la química».

Se fueron al reservado y Raúl intentó avivar las ascuas que se habían formado al principio al ritmo del reggaeton, pero ella no estaba muy por la labor. La cosa estaba bastante clara: aquí, de segunda cita, nada.

Eso sí, ambos quedaron como dos grandes amigos y compartieron la visión de que el feeling no había hecho acto de presencia a pesar del buen rollo inicial. Se comprometieron a hacer algún viaje juntos o que probarían bailar al ritmo de alguna discoteca. A nosotrxs, no nos quedó tan claro que todo estuviera perdido, vamos.

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: Cuatro, Huffintongpost.

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