Recientemente se ha publicado una nueva biografía del actor y cómico Robin Williams que narra las partes más oscuras de su vida. Desde sus infidelidades hasta sus adicciones a las drogas y  el alcohol, incluso un raro trastorno mental diagnosticado tras su muerte.

En el libro, titulado Robin, el autor llamado Dave Itzkoff narra cómo la primera mujer de Williams, Valerie Velardi, “toleró” las canas al aire del actor durante un tiempo y, de alguna manera, las aceptaba como parte de su fama y su modo de vida.

Pero todo esto dio un giro cuando una amante lo denunció por una cantidad de 6,2 millones de dólares alegando que le había pasado herpes (algo que, más adelante, se demostró como inacurado). Entonces, en el año 1988, su mujer lo dejó cuando su hijo Zak tenía 5 años.

En 1989 se volvió a casar con la que era la niñera de su asistente personal, pero en 2006 el cómico volvió a tener una recaída con las drogas y la bebida, lo cual terminó suponiendo su segundo divorcio y haciendo que volviese a ingresar en un centro de rehabilitación para recuperarse de sus adicciones.

Antes de eso, Williams había estado sobrio durante unas dos décadas debido al impacto que causó en él la muerte de su amigo John Belushi, quien murió de sobredosis en 1982 con solo treinta y tres años. La noche anterior a su fallecimiento Robin Williams estuvo con Belushi, aunque niega haber consumido drogas con él.

Esta publicación de más de 400 páginas también narra las inseguridades que la estrella tenía, pese a todo su éxito (Oscar, Emmys y Grammys). Por ejemplo, el libro narra su preocupación por el auge de otro cómico como Jim Carrey. Itzkoff cita al cómico haciendo un cumplido un poco malintencionado sobre Carrey diciendo que es “divertido por su fisicalidad”.





Williams siempre trabajó de forma frenética hasta el final de su vida pese a que sus problemas de salud cada vez eran más graves. Su comportamiento se fue volviendo cada vez más raro conforme avanzaban los años hasta llegar a los 60, preocupando a su familia y amigos.

En junio de 2014 fue diagnosticado (erróneamente) con Parkinson y, viendo que nada funcionaba, decidió volver a entrar a un centro de rehabilitación debido a su desesperación y pese a que ni bebía, ni consumía drogas.

Más adelante, durante su autopsia, se descubrió que lo que tenía era demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad neurodegenerativa parecida al Alzheimer y con síntomas de parkinsonismo.

Su tercera mujer, con la que se casó en 2011, Susan Scheider, estaba muy preocupada por su salud, tanto física como mental. Tenía problemas de estómago, dificultades de visión, insomnio y tomaba medicación para combatir la depresión. En cuestión de tiempo la paranoia y las alucinaciones se sumaron a los tormentos del actor.

La noche de su suicidio, Williams se fue a dormir a las 10:30 y su mujer (que dormía en una habitación separada) no quiso despertarlo ya que parecía que, por una vez, estaba teniendo un buen descanso. Pero cuando, más tarde, abrió la puerta, lo encontró muerto con su cinturón alrededor del cuello.





Tras la muerte de su marido y el diagnóstico que confirmó su dolencia, Scheider dijo que su última etapa fue una auténtica locura, un desfile síntomas, parecía una enfermedad nueva cada mes y no sabía si su marido era hipocondríaco.

Robin Williams siempre fue una personalidad con dos caras. Por un lado el hilarante y frenético remolino de carcajadas que mostraba al público y, por el otro, una mente atormentada. En cualquier caso, echamos de menos sus películas, su persona y su actitud, aunque nos alegra que ahora, por lo menos, pueda descansar.

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Fuentes: usatoday, people