En un principio, los gimnasios eran un lugar donde tu forma de vestir no importaba pudiendo ir con camiseta con marca de bebida espirituosa sin que nadie te mirase mal, mientras no llevases tejanos. La ropa que te pones para hacer deporte es tan importante como tener una botella de agua cerca de ti. Debe permitirnos hacer los movimientos adecuada y naturalmente, que no nos haga daño, que no transpire al sudar… Pero, poco a poco y con la moda del postureo de gimnasio, la gente se ha ido volviendo más tiquismiquis y quisquillosa con las pintas que cada uno lleva para hacer deporte.

Recientemente, ha habido un caso en el que un gimnasio ha puesto unas normas de decoro que van más allá de la obligación de usar toalla en la sala de máquinas por razones de higiene o la prohibición del magnesio que seguramente muchxs conoceréis. Un gimnasio de Estados Unidos ha decidido ir más allá.

 

Por alguna razón, un gimnasio americano no estaba de acuerdo con la forma de vestir de una joven estudiante llamada Sarah Villafañe que ha decidido dar a conocer el incidente a través de las redes sociales y se ha hecho viral.

Aunque su ropa o atuendo no sugerían nada a nivel sexual y, como comprobarás, las imágenes no incitan a nada (y si lo hacen date una ducha de agua fría porque significa que llevas tiempo a dos velas), le obligaron a cambiarse de ropa por algo menos sugerente si no quería que la expulsasen del lugar.

Villafañe estaba entrenando tan tranquilamente cuando se le acercó un empleado para decirle que tenía que ponerse una camiseta para estar “totalmente cubierta”, mientras otros hombres del gimnasio hacían ejercicio vistiendo ropa sin mangas. Primero hizo caso omiso, pero luego llegó el gerente a pedirle lo mismo y la amenazó con echarla si no cumplía lo requerido.

Ella misma explicó lo sucedido con una publicación en redes sociales donde explicaba lo sucedido y como la hizo sentir.

“Me compré esta ropa para hacer deporte porque es CÓMODA. ¿Cuál es el problema? ¿Mi ombligo despista a los hombres que pagan la misma cuota que yo?”





Según la Universidad de Charleston (lugar donde está el gimnasio), el motivo por el cual se pidió a Sarah que abandonase la sala de máquinas fue por razones sanitarias y de higiene. Pero la joven dice que en ningún momento le dijeron eso cuando le pidieron que se pusiese otra pieza de ropa menos “atrevida” y que ni durante la inscripción ni en su web consta ninguna restricción sobre la forma de vestir. Solo se pide que sean prendas para hacer deporte.

Hay gente que piensa que tiene que adaptarse a las normas de allí donde esté por absurdas que sean, obviando el hecho de que pueda sentirse discriminada por ello. Pero, por mucho que uno deba comportarse de la forma correcta en función del lugar donde está, nada quita que el trato que ha recibido, en este caso, no es justo.

¿Qué te parece la decisión de este gimnasio? ¿Crees que es para tanto? ¿Qué habrías hecho en esta situación en el lugar de la chica? 

¿Te ha parecido interesante el artículo? Pues como esta no es la primera (ni seguramente sea la última) que se han producido a lo largo de los años… A continuación, os mostramos otros artículos que os pueden resultar de interés:

Fuentes: unilad, metro