Sacarse el carné de conducir es un hito en la vida de la mayoría de personas del primer mundo. Tener la ESO (no hemos puesto la selectividad porque sabemos que la educación no es uno de los puntos fuertes de España), encontrar el amor, escribir un libro o plantar un árbol son algunas de las cosas que, tradicionalmente, las personas queremos hacer antes de morir. Es verdad que lo de la ESO y el permiso de conducir no es tan importante a nivel personal o emocional, pero son, de la lista, las únicas cosas que realmente te beneficiarán.

Poder desplazarse con tu coche no es solo una forma de transporte, es la libertad hecha máquina. El revolucionario Henry Ford sabía que no estaba fabricando simples vehículos a motor, sino que le estaba regalando al mundo una forma nueva de vivir.

Es por eso que, al cumplir los dieciocho, muchos de nosotros pensamos automáticamente en matricularnos en la autoescuela. Y es entonces cuando empieza lo duro.

Aprobar el carné de conducir siempre es una experiencia muy particular ya sea por las situaciones que se producen en el proceso o por los nervios que se viven. No es que sea imposible ni excesivamente difícil, pero, a veces, hay personas a quienes se les puede hacer complicado o que, por algún motivo, se les atraganta y no consiguen aprobarlo.

Algunos tienen que volver a pagar tras suspender dos veces, unos agonizan para pasar el teórico, otros sufren para sacarse el práctico y los hay que no quieren reconocer cuántas veces han tenido que repetirlo. Pero no os preocupéis, tenemos un caso que os subirá la moral sea cual sea vuestra situación y experiencia.

Christian Whiteley-Mason ha necesitado 33 intentonas, 14 profesores diferentes y más de ochenta y cinco sesiones de prácticas. En total se ha dejado 10.000 libras (aproximadamente 11.500 euros) a lo largo de veinticinco años hasta que, finalmente, ha podido aprobar el examen.

Este hombre de South Yorkshire realizó su primer examen en 1992, antes de que fuese necesario hacer un test teórico, pero ni así le fue posible aprobarlo. De hecho, incluso su marido llegó a bromear diciéndole: “Eres un accidente a punto de ocurrir”.

Tras que varios profesores le dieron por perdido renunciando a darle más clases, decidió rendirse y abandonó la autoescuela en 2003. Cuando cumplió los cuarenta años probó suerte de nuevo, pero al cabo de unas sesiones prácticas se cansó y no llegó ni siquiera a examinarse. “Me aburrí, no le veía el punto”.

Pero Christian tuvo que empezar viajar por motivos de trabajo, haciendo que no tener carné le supusiese una dificultad añadida en su vida. O se dejaba un dineral en taxis o tenía que depender de otras personas, así que, de nuevo, se adentró en el oscuro mundo de las autoescuelas.

“Todo el mundo se reía de mí y decían que no lo lograría, que me cansaría de nuevo. Pero yo quería demostrarles que estaban equivocados”.

Finalmente y gracias a esta última intentona, Christian logró aprobar el examen con solo tres errores leves. Y eso que, actualmente, es más difícil ya que hay más tipos de test y son más complicados.

Pese a eso, tampoco se ha venido arriba y se ha comprado un pequeño Smart automático para evitar ninguna desgracia. Con lo que le ha costado el carné esperamos que, al menos, le dure bastante.

¿Os costó mucho sacaros el carné de conducir? ¿Conocéis a alguien que llegue al nivel de Christian? ¿Os sucedió alguna anécdota curiosa? Explicádnoslo en los comentarios de Facebook.

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Fuentes: mirror, thestar