Los trasplantes han hecho que la medicina moderna avance muchísimo, de hecho, lo sigue haciendo. Y, sin duda, uno de los más peligrosos o, por lo menos, uno de los que más miedo y respeto generan, es el de cara.

Actualmente, se han hecho un total de 40 trasplantes faciales en todo el mundo, desde que se hizo el primero en 2005, en este caso, la paciente fue Isabelle Dinoire después de que un perro le mordiera la nariz, labios, mentón y mejillas.

Es decir, en solo 13 años, se ha pasado de realizar un trasplante parcial a, lo que nos ocupa a día de hoy, hacerle dos trasplantes faciales a la misma persona. El paciente en cuestión es un hombre francés que, ahora mismo, se está recuperando en un hospital de París.

Jérôme Hamon es un señor que sufre una extraña condición que le genera tumores que le desfiguran la tez.  En 2010 le operaron para realizarle lo que sería su primer trasplante, pero su cuerpo terminó rechazando y tuvieron que quitarle lo que, en aquel momento, era su nueva cara.

Como hemos dicho, actualmente se encuentra en un hospital parisino, tres meses después de que Laurent Lantieri, el médico que le realizó la primera cirugía, le hiciese un segundo trasplante sin precedentes.

La nueva cara de Hamon sigue sin tener movimiento a la espera de que su cráneo, su piel y sus facciones queden perfectamente alineados. Este es un proceso gradual que se consigue mediante una medicación que, en teoría, tiene que evitar que, esta vez, su cuerpo rechace el nuevo trasplante.

“Me siento bien. Tengo ganas de terminar ya con esto”.

Su enfermedad, neurofibromatosis de tipo 1, es una mutación genética que causa severas desfiguraciones y complicaciones de diversa índole.





Como hemos dicho, aunque inicialmente el trasplante fue un éxito, luego hubo problemas ya que tomó un antibiótico que no era compatible con su tratamiento y eso hizo que su cuerpo rechazase su nueva cara que, poco a poco, fue muriendo, haciendo que Laurent Lantieri tuviera que quitársela.

Eso dejó al paciente sin cara, sin orejas, sin párpados y sin poder comer o beber de forma normal. Tenía el oído limitado y solo se podía comunicar mediante movimientos leves de su cabeza y, un poco, a través de la escritura. “Si no tienes piel, es fácil tener infecciones”, dijo Lantieri.

Por eso, mientras esperaban un donante, Hamon estuvo dos meses sin cara en el hospital. Finalmente, apareció esa cara necesaria y, tras cambiar toda la sangre de su cuerpo para evitar riesgos potenciales, le hicieron la cirugía. Hamon presenta un humor encomiable teniendo en cuenta que ha pasado por el mismísimo infierno. Así lo reconoce su propio médico.

“Para ser un hombre que ha pasado por todo esto, está bastante bien y le estamos haciendo un seguimiento”.

Además, la cara de Hamon es la de un donante que tenía veintidós años, con lo cual, según él, lo ha rejuvenecido ya que él tiene cuarenta y tres. Pese a toda la ansiedad y sufrimiento Hamon dice que es feliz y se ha adaptado muy fácilmente a su nueva cara.

“Es normal pasar por problemas de identidad cuando has tenido tres caras diferentes en tu vida. Si no hubiese podido aceptarme hubiese sido realmente terrible, pero aquí estoy, estoy bien, soy yo”.





Esperamos que esta vez no haya ninguna complicación posterior y que Hamon pueda rehacer su vida gracias a su nuevo rostro.

¿Creéis que seriáis capaces de soportar algo como lo que ha sufrido Jérôme? Ponédnoslo en los comentarios de Facebook.

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Fuentes: theguardian, bbc