Recientemente, estamos viendo cómo muchos actores y actrices que marcaron una generación han ido decayendo poco a poco. Sus apariciones en películas han ido desapareciendo al mismo tiempo que su vida personal se ha vuelto, por lo menos, más inestable.

Un caso especialmente evidente de eso es la última entrevista que realizó Sean Penn en el programa de Stephen Colbert, habiendo consumido Ambien, un sedante, y fumándose un cigarro con toda la tranquilidad del mundo. De hecho, expresó abiertamente sus dificultades recientes para actuar.

“Lo mejor que puede aportar un actor a un trabajo es una buena colaboración con los otros, la interactuación, y a mí se me da cada vez peor. Ya no disfruto del proceso y es por eso que he terminado escribiendo una novela, porque no necesito colaboradores”.

También está Jim Carrey, desaparecido del cine actual desde el suicidio de su exnovia , enlazando un periodo de depresión tras otro con puntuales apariciones estrafalarias en televisión.

Pero, sin duda alguna, a quienes afecta más el paso de los años es a las mujeres de Hollywood. La mayoría de actores que eran iconos del cine en el 2000 siguen protagonizando muchas películas hoy en día y encabezando producciones importantes.  Brad Pitt, Denzel Washington, Matt Damon o Will Smith siguen apareciendo en los pósters, pero, en el caso de las mujeres, eso es más inusual.

Mientras que Daniel Day-Lewis anuncia su retirada del cine por enésima vez, muchas féminas de Hollywood no tienen ese poder de decisión y se ven forzadas a limitar su carrera debido a una industria que no les permite envejecer.

Personalidades que en su momento eran estrellas como Meg Ryan, Christina Applegate o Renée Zellweger, no tienen papeles a los que puedan acceder. De hecho, si analizamos las carreras de las actrices mejor pagadas de hace una década (Julia Roberts, Jennifer Aniston, Halle Berry, etc), veremos que, aunque algunas siguen trabajando, lo hacen mucho menos que sus compañeros masculinos.




Muy sonada es la historia de Cameron Diaz, la actriz había llegado a ganar mucho más de 30 millones de dólares, una cifra muy alta, incluso actualmente. Pero ante la falta de roles relevantes, decidió retirarse del cine y dedicarse por completo a su familia.

Y, si tenéis duda sobre la existencia de esta discriminación hacia las mujeres adultas en Hollywood, intentad recordad cuando fue la última vez que visteis a Gwyneth Paltrow o Uma Thurman encabezando un póster de una película realmente relevante.




Sin ir más lejos, la adorada Michelle Pfeiffer contó que estuvo cuatro años sin pisar un plató, definiéndose a sí misma como incontratable.

Hay algunas que tienen suerte y consiguen algún papel que les devuelve a la popularidad, tal y como les pasó a Nicole Kidman o Reese Witherspoon en Big Little Lies. Pero que eso no os engañe, que la industria permita que algunas actrices maduras se reciclen en televisión no significa que se las esté tratando como es debido.

Solo esperamos que papeles como el de Frances McDormand en Tres anuncios a las afueras sean la norma y no la excepción.

¿Os habíais dado cuenta del trato que reciben las mujeres maduras en Hollywood? Decídnoslo en los comentarios de Facebook.




¡Si quieres Cabronizarte más todavía, suscríbete a nuestras notificaciones para tener contenido en exclusiva!

Fuentes: smoda, peru21