First Dates es un mundo aparte. Hablar de este programa de televisión es hablar de un ecosistema; unos personajes y una atmósfera propia. La personalidad que desprende este formato ha hecho que su popularidad aumente sin parar a lo largo de los tiempos y, hoy en día, goza de una salud envidiable.

Además, First Dates es capaz de regalarnos algunos de los momentos más divertidos y polémicos de la televisión en la actualidad. Si no queremos aburrirnos, lo mejor que podemos hacer es sintonizar Cuatro y pillar este programa por banda; podéis estar seguros de que alguna joyita encontraréis. Hoy os traemos un nuevo e impresionante regalo en forma de cita que se va de madres.

El físico en este programa es muy relevante. Dos personas que quedan en una cita a ciegas pueden juzgar, de forma muy fácil, a la otra por la primera impresión que les dé… y la protagonista de la historia de hoy tenía esto muy presente.

Por ello, decidió presentarse a la cita enseñando algunas de sus ‘cualidades más destacadas’ como carta de presentación. Quería asegurarse ‘la jugada’ y para ello se valió de su ‘arma definitiva’.

Samantha se plantó con un escote de tres pares de narices, dejando a Jesús, su cita, completamente K.O. Bajo una profunda hipnosis, el joven no sabía muy bien a donde mirar. Sus ojos revoloteaban por sus cuentas como pajaritos atrapados y, muy probablemente, estuvo a punto de quedar ciego de tanto esfuerzo que hizo por disimular.

Ella, de 24 años y natural de Málaga, sacó del armario su conjunto más sensual: de color negro y con un escote impresionante. Él, de 26 años y natural de Sevilla, no podía creerse lo que tenía delante. El flechazo había atravesado el corazón de ambos (la flecha del amor, no la flecha que había ‘nacido’ en él a raíz del escote…).

A lo largo de la cena -que fue estupendamente-, Jesús no pudo evitar preguntarle: “¿No llevas sujetador?”, a lo que ella respondió “No, tío. No llevo, la verdad. Y por eso tengo un problema. La camiseta es así de otra forma, pero como se me veían las pocas tetas que tengo pues…”.





Donde ella veía problemas, él solo veía ventajas: «Pues tiene su rollo”, a lo que ella contratacaba con un “Hombre, primo, son chiquititas pero juguetonas. ¿Tú qué te crees?”.

Él, ya entrando en el juego, respondía “¿Son juguetonas? Pues entonces nos vamos a llevar bien”, a lo que ella zanjaba con un “Pero qué estás mirando, tío? Si no tengo ná”.

La cosa, como es evidente, no podía ir mal de ninguna de las maneras. Ella estaba encantada y él, como podía notarse de lejos, más todavía. Aparte de la atracción física, estaba claro que había conexión entre los dos y ellos bien que supieron aprovecharla.

Después de acabar con la comida -y de limpiar todas las babas que dejó Jesús en el suelo-, fueron al fotomatón del programa, donde finiquitaron una ‘cita perfecta’ con un hermoso -y jugoso- beso.

A la hora de decidir si querían volver a verse, él lo tenía claro: “me ha molado ese destapaíto” y a ella, por su parte, le gustó su “picardía y su rollito”.

A vosotrxs, ¿Qué os ha parecido esta ‘infalible’ técnica de ligoteo? ¿Creéis que la relación tendrá futuro? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: La Vanguardia, AS,

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