Somos conscientes de que, en el mundo que vivimos hoy en día, tenemos que intentar no tener la piel muy fina ya que Internet no suele el mejor amigo de la autoestima y la moral. Lo mejor para no desmoronarse en nuestro día a día es hacer caso omiso a todas esas personas que quieren solucionar sus problemas a base de molestar a los demás.

De hecho, las redes sociales han hecho que se les dé un nombre a esas personas que, lejos de querer hacer críticas constructivas, se dedican a insultar y ofender a cualquier persona o cosa que no les parezca del todo correcta. Los haters.

Obviamente, esta gente no pretende ayudar a nadie, ni siquiera a sí mismos, pero ven en el anonimato de Internet una oportunidad para dar salida a sus problemas de ira y odio. Pero los haters son unos seres que, los más desvergonzados, no existen exclusivamente en el mundo virtual, sino que también los hay a pie de calle. Lo bueno es que, en estos casos, sí que se puede hacer algo para callarles.

Un caso ejemplar de esto es la anécdota que Vega Blossom cuenta sobre un encuentro que tuvo en una pastelería cuando iba a comprar unas magdalenas.

La joven de diecinueve años estaba haciendo cola en su establecimiento favorito de repostería en Valparaiso, Indiana, cuando escuchó A una mujer detrás de ella que le dijo a su marido: “Esperamos que esta p*** gorda no compre todos los cupcakes”.

Un comentario así te afecta, aunque todos sepamos quién es la imbécil de la historia. Y, tal y como Vega dice, estuvo a punto de sacarle más de una lágrima. “Cuando escuché los comentarios desagradables de la mujer, me entraron ganas de llorar. Fueron realmente hirientes”.

Pero esta es una historia con final feliz ya que Vega supo vengarse de sus haters de una forma inteligente para responder a ese comentario tan despectivo.





“¿Cómo puede ser que una mujer adulta sea tan maleducada y cruel con alguien que no conoce? Pero me tragué mi orgullo y pensé en como darle a ella y a su acompañante una lección sobre el respeto a los demás».

¿Qué hizo? La joven se dejó 54$ (unos 44 euros) en comprar los veinte cupcakes que quedaban en el mostrador y, según ella, valió mucho la pena, tanto para ella y su autoestima como para las más de 74.000 personas que le dieron a “me gusta” al relato de su experiencia en Facebook.

Vega compartió las magdalenas con sus compañeros de trabajo, amigos y familia durante Semana Santa.

“Espero que los que me insultaron hayan aprendido a tratar las personas de forma amable o que, al menos, hayan recibido una clase avanzada de karma”.

Además, pudo disfrutar de su momento al abandonar establecimiento, cuando les pidió a la mujer y a su marido que le abrieran la puerta al salir porque tenía las manos llenas. “La mujer me abrió la puerta y se marchó justo después de que yo saliera”.

El sentimiento que inundó a Vega la llenó de fuerza, aunque pensó mucho en lo dañinas que podrían ser las palabras de una mujer como esa para alguien que no se sintiese tan querida y respaldada como ella por, en este caso, su marido.





Porque, de hecho, no era ni la primera ni la última vez que la joven tenía que lidiar con los haters que la criticaban por su peso ya que, cuando publicó su historia, hubo algunas personas que contactaron con ella mediante los comentarios y mensajes privados para insultarla y atacarla.

«Alguien me ha llamado gorda, debo vengarme… ya sé, me compraré la pastelería entera. Suicídate estúpida vaca gorda».

Aunque para Vega fue tan simple como dedicarse a leer, únicamente, los mensajes positivos y aquellos que la hacían sentir mejor y a gusto consigo misma en vez de los que la llamaban gorda, porque, al final del día, cada uno se lleva sus propios problemas a casa.

¿Os han insultado nunca por vuestro peso? ¿Cómo habéis respondido? Explicádnoslo en los comentarios de Facebook.

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